El punto ciego de las democracias

Brenda Estefan

A mi hija, Carlota.

Las democracias tienen un punto ciego: las futuras generaciones. Los líderes políticos preocupados por los titulares de los periódicos de mañana o en todo caso por las próximas elecciones, carecen de incentivos para tomar en cuenta los intereses o puntos de vista potenciales de las generaciones por venir sobre decisiones que sin duda afectarán sus vidas.

El cortoplacismo de la vida política contemporánea hace que el mañana se convierta en un basurero donde se acumulan riesgos tecnológicos, degradación medio ambiental, deuda pública y falta de preparación para futuras amenazas a la seguridad humana. La pandemia actual es ejemplo de la innegable necesidad de tener mayor planificación y visión de largo plazo en los gobiernos.

Los niños y los que están por nacer tendrán que vivir con las decisiones tomadas, pero no tienen poder electoral sobre ellas ni sobre quienes las toman, entonces, ¿cómo podemos contrarrestar el nocivo cortoplacismo político?

En el mundo existen interesantes iniciativas para ello. En 1993, Finlandia estableció una Comisión Legislativa para el Futuro, en la cual se analizan escenarios a largo plazo relativos a temas como tecnología, empleo y medio ambiente. Más recientemente, Gales creó la figura de Comisionado para las Futuras Generaciones, cuya función es defender los intereses de las generaciones venideras en los procesos de toma de decisiones políticas. La labor de escrutinio que lleva a cabo la actual comisionada galesa, Sophie Lowe, es importante sin embargo carece de poder real. Por lo que ahora se discute en el Reino Unido una iniciativa de ley, similar a la de Gales, que otorgaría al comisionado británico la capacidad legal para hacer que los organismos públicos rindan cuentas al no considerar el interés de los ciudadanos de mañana. La iniciativa de Ley británica, que busca poner énfasis en la prevención de problemas tales como la crisis climática y las pandemias, ha recibido apoyo bipartidista en Westminster.

Existen también esfuerzos para contrarrestar el presentismo a través de la participación ciudadana. Como el movimiento “Diseño de Futuro” en Japón, a través del cual se invita a los japoneses a participar en la toma de decisiones de sus ciudades, pero se les divide en dos grupos. A un grupo se le dice que son ciudadanos del presente, mientras que al segundo se les pide que imaginen que son ciudadanos del 2060 e incluso se les dan atuendos futuristas a fin de ayudarles en el ejercicio de imaginación. Notoriamente el segundo grupo de ciudadanos tiende a proponer políticas más radicales en áreas como la protección del medio ambiente.

En este tema, el medioambiental, se hace particularmente evidente la cortedad de miras política. Los expertos en este ámbito han alertado desde hace casi tres décadas sobre los graves riesgos que implica que no haya una disminución en la emisión de gases de efecto invernadero, y a pesar de ello, aún carecemos de un acuerdo internacional vinculante que comprometa a los principales emisores a una reducción. Y mientras el cabildeo internacional tiene modestos avances como el, no vinculante Acuerdo de Paris, algunos líderes nacionales continúan tomando irresponsables decisiones que comprometen al medio ambiente, y las emisiones de gases de efecto invernadero y los riesgos que las acompañan continúan aumentando.

Por lo que resulta interesante que en países como Filipinas (gracias al abogado ambientalista Antonio Oposa), Países Bajos (con la Fundación Urgenda) y Estados Unidos (a través de Our Children’s Trust), se hayan ganado en tribunales juicios en defensa del derecho de los niños y las generaciones futuras a un medio ambiente sano.

Más allá de los necesarios esfuerzos para repensar como fortalecer la democracia a fin de que los líderes políticos tengan una visión de futuro en la toma de decisiones, hay dos elementos que pueden aminorar la miopía que implica el cortoplacismo. Por un lado, que quienes gobiernen basen sus decisiones en la ciencia, y por el otro, que las sociedades sean más participativas y exigentes. Como ejemplo de lo segundo, baste voltear a ver lo sucedido en Francia la semana pasada. Manifestaciones en cerca de 160 ciudades, en las cuales decenas de miles de personas, principalmente jóvenes, salieron a las calles para presionar al gobierno a fin de que promueva una “verdadera ley sobre cambio climático”, en virtud de que el proyecto de “Ley de Clima y Resiliencia” que se debate en la Asamblea Nacional francesa es considerado poco ambicioso e insuficiente para hacer frente a las amenazas al medio ambiente.

La creciente preocupación por el cambio climático y el sentido de que la generación actual de jóvenes está recibiendo un trato injusto, están despertando en el mundo conciencia sobre la "equidad intergeneracional", México no debiera ser la excepción.

@B_Estefan

TEMAS RELACIONADOS
Guardando favorito...

Comentarios