Ayer, India anunció el inicio de ejercicios militares en su frontera con China. Una de las razones para ello fue la publicación que hizo la semana pasada el gobierno chino de su mapa oficial 2023. A pesar del riesgo de aumentar las tensiones en la región, en el trazo territorial Pekín amplía su territorio en 100,000 km² y se adjudica regiones de algunos de sus vecinos como India, Rusia, Filipinas, Malasia y Vietnam.

En respuesta, India ha expresado ya una "enérgica protesta". El portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores, Arindam Bagchi, declaró: "Rechazamos estas afirmaciones por carecer de fundamentos. Las medidas tomadas por la parte china solo complican la resolución de la cuestión fronteriza".

La frontera que comparten estos dos países se extiende a lo largo de 3,500 kilómetros y ha sido escenario de conflictos frecuentes. En el año 2020, estos enfrentamientos causaron la muerte de veinte soldados indios y treinta y cinco chinos. Además, en diciembre de 2022, como resultado de las disputas territoriales, murieron diez soldados indios y cuatro militares chinos.

Hace apenas unos días, en la cumbre de los BRICS que se desarrolló en Sudáfrica, Xi Jinping se reunió con su homólogo indio, Narendra Modi, y ambas partes acordaron "intensificar los esfuerzos" para disminuir las tensiones, pero la publicación del mapa chino ha generado el efecto contrario entre los dos gigantes asiáticos. La decisión de Xi Jinping de no asistir a la cumbre del G20 en Nueva Delhi, programada para los días 9 y 10 de septiembre, es un claro indicio de la tensión en curso.

La reivindicación de territorios de países vecinos por parte de Pekín no es nueva, pero el creciente peso de China y los cambios en su enfoque geopolítico están alterando el equilibrio de poder en la región y hacen que estas reivindicaciones se lean como fuertes amenazas. Hoy China tiene capacidades que no tenía hace 20 años, ha incrementado de manera importante su presupuesto militar y ha instalado bases militares en islotes que no le pertenecían, utilizando la marina para cambiar en los hechos el statu quo, acosando a pescadores filipinos, malayos y vietnamitas. Se trata pues de una China más poderosa, más militarizada y más agresiva.

El clima de tensión en la región es innegable. Para muestra, baste pensar en el incidente naval del mes pasado entre China y Filipinas. Pekín reclama a Manila haber aceptado albergar nuevas bases militares estadounidenses en su territorio; dichas bases serían las más cercanas a Taiwán. Es decir que, si alguna vez China decidiera invadir Taiwán, desde estas bases se podrían suministrar municiones y armas al ejército taiwanés, por lo que el tema no es menor. Al punto tal, que el ejército estadounidense anunció que, si el ejército filipino llega a ser atacado por el ejército chino, Washington lo respaldaría.

Sumemos a este tema, la tensión en torno a Taiwán, los continuos ejercicios militares chinos en la zona, e incluso la reciente agresiva campaña de desinformación lanzada por Pekín en contra de Japón por el desecho de aguas residuales de la planta nuclear de Fukushima. La India, con la disputa territorial revivida, resulta entonces la cereza del pastel, sobre todo porque hoy Nueva Delhi está en condiciones de oponerse a Pekín.

La rivalidad entre China e India es histórica pero siempre la balanza del poder se inclinaba de manera muy evidente hacia China, pues los indios no lograban encender su motor económico. Pero la asimetría ha disminuido en los años recientes. La India es hoy la quinta potencia mundial, tiene una población de 1,400 millones de habitantes (superior a la de China), una media de edad de 28 años y cada año se titulan de las universidades indias un millón y medio de ingenieros. Con estos jóvenes, Modi busca detonar la economía de su país. Además, Nueva Delhi ha extendido sus tentáculos diplomáticos, este año preside tanto el G20 como la Organización de Cooperación de Shanghai; y se ha convertido en una alternativa de inversión respecto a China. Las autoridades indias están en campaña por el mundo, buscando atraer inversiones con el argumento de que todas las facilidades que otorga China las puede dar India, con la ventaja de que India es un país “amigo” de Occidente. Tarea que, dicho sea de paso, México también debería estar haciendo pero que la miopía geopolítica del actual gobierno no lo ha permitido.

A diferencia de Rusia, que ha recurrido a la guerra debido a la falta de opciones para avanzar sus intereses por no haber logrado impulsar adecuadamente su economía, China ha invertido en su desarrollo económico y, hasta el momento, solo utiliza su poder militar como un poder disuasivo para respaldar sus objetivos económicos. Con la excepción del caso de Taiwán, es poco probable que China esté dispuesto a iniciar un conflicto militar, pero no hay duda de que el terreno entre China y sus vecinos está seco y proclive a encenderse.

@B_Estefan

Suscríbete aquí para recibir directo en tu correo nuestras newsletters sobre noticias del día, opinión, y muchas opciones más.
Google News

TEMAS RELACIONADOS