En Los Cabos, nos dicen, no solo falta el agua, sino que también mucha autocrítica.
Ayer, en un evento del PT, el alcalde Christian Agúndez decidió pelearse con el director general de Conagua, Efraín Morales, por exhibir en la mañanera lo que en su municipio padecen todos los días: tomas ilegales, huachicol del agua y un sistema que hace fila hasta para llenar una pipa.
Nos hacen ver que, pese a ser parte del mismo movimiento gobernante, don Christian optó por el berrinche contra la Federación en vez de agradecer que alguien, por fin, pusiera el dedo en la llaga.
Más curioso aún: su partido, el PT, viene de desmarcarse de una parte clave de la reforma electoral de la presidenta Claudia Sheinbaum, así que, entre sabotajes imaginarios y lealtades intermitentes, en el petismo sudcaliforniano parecen haber confundido la disciplina de movimiento con el teatro de la desesperación.
Llama mucho la atención que el alcalde actúa como si denunciar el huachicol de agua fuera la ofensa, y no el delito. ¿Le habrán tocado algún interés?


