Nos comenta que ellas no tienen voz ni voto en la sucesión de la , la central sindical más grande del país, pero las cámaras empresariales se están metiendo al juego. Y no poco.

Nos cuentan que, ante la inminente definición del nuevo liderazgo obrero, algunos de los pesos pesados del sector privado han comenzado a ejercer un silencioso pero efectivo derecho de veto.

El nombre que no termina de convencerles es el de Fernando Salgado, actual secretario general adjunto de la CTM. Consideran que su desempeño ha dejado mucho que desear y que, lejos de fungir como un interlocutor serio, confiable y constante, ha pasado de noche justo cuando más se requería presencia y conducción, sobre todo ante la prolongada ausencia de don por motivos de salud.

Pero el malestar no se queda ahí. En corto, los empresarios comentan que Salgado no solo ha brillado por su ausencia institucional, sino que su estado inconveniente —frecuente, dicen— le impide ser un interlocutor válido y consciente. Sin apoyos públicos ni apuestas abiertas, el mensaje empresarial es claro: no buscan aliados, pero sí a alguien que les tome la llamada después de la hora de la comida… y que, sobre todo, conteste, que levante el teléfono.

La cita para el cambio de dirigencia en la central obrera es el 24 de febrero. La CTM anda calientita…

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