Por Carlos Corral Serrano
La planeación urbana atraviesa un momento decisivo. Ya no basta con hablar de sostenibilidad en términos ambientales ni de crecimiento económico como sinónimo de desarrollo. Así se planteó en la cuarta sesión del ciclo de Conferencias Magistrales AMU 2025, “Ciudades en Tensión”, organizado por la Asociación Mexicana de Urbanistas (AMU), donde el urbanista y paisajista Salvador Herrera Montes propuso repensar la ciudad desde la justicia urbana, la diversidad y una democracia territorial más cercana a la vida cotidiana.
La sesión dio continuidad a un ciclo que ha abordado temas clave para el país —democracia urbana, desigualdad territorial, juventudes y futuro urbano, y resiliencia— con una premisa clara: no hay sostenibilidad posible sin equidad social, justicia territorial y reconocimiento de la pluralidad que habita las ciudades.

Desde el inicio de su conferencia, Herrera Montes planteó una pregunta esencial: ¿por qué las personas llegan a las ciudades? La respuesta, explicó, va mucho más allá del empleo o los servicios. Las ciudades concentran expectativas de vida digna, pertenencia, oportunidad y futuro.
Su reflexión estuvo influida por su reciente estancia académica en el Massachusetts Institute of Technology (MIT), donde tuvo oportunidad de dialogar con enfoques de vanguardia y presentar ideas en espacios académicos de primer nivel. Desde esa experiencia comparada, subrayó la urgencia de revisar críticamente los modelos urbanos que México ha heredado y reproducido sin cuestionamiento.
Uno de los ejes más contundentes de la ponencia fue la crítica al marco jurídico urbano vigente. Herrera Montes cuestionó si los sistemas actuales de zonificación y las leyes de desarrollo urbano realmente permiten avanzar hacia objetivos de sostenibilidad ambiental y social.
Comparó distintos enfoques internacionales:
Alemania, con sistemas claros pero adaptables, capaces de incorporar cambios sociales y ambientales.
Estados Unidos y Reino Unido, con modelos rígidos que, aunque ordenados, suelen ser excluyentes.
México, advirtió, se encuentra atrapado en una planeación normativa excesivamente técnica, poco sensible al territorio y distante de la ciudadanía, lo que limita su capacidad transformadora.
Al hablar del futuro, Herrera Montes recurrió a tres referencias clave. La primera, el pensamiento de Daniel Innerarity, quien propone mecanismos democráticos anticipatorios para gestionar la incertidumbre, superando los límites de la racionalidad tecnocrática mediante procesos deliberativos e incluyentes.
La segunda referencia fue el debate impulsado por los Premios Nobel de Economía 2024, que han advertido sobre la creciente concentración del control tecnológico en manos de élites, y la necesidad de democratizar la innovación para que sus beneficios sean sociales y no exclusivos.
Finalmente, citó los trabajos prospectivos de la American Planning Association, que llaman a planear no solo con horizontes lejanos como 2050, sino con responsabilidad inmediata sobre los próximos años, donde se juegan decisiones críticas.
Descolonizar la planeación urbana
Uno de los momentos más provocadores fue la introducción del concepto de descolonización en la planeación urbana. No se trata, explicó, de un discurso ideológico, sino de integrar múltiples saberes y perspectivas, superando la herencia homogénea del siglo XX en México.
Herrera Montes retomó el principio de las siete generaciones del pueblo Anishinaabe, que propone planear pensando no solo en la vida humana inmediata, sino en la continuidad del planeta. Este enfoque, dijo, puede traducirse en metodologías concretas de planeación participativa.
Como ejemplo, compartió un ejercicio reciente en el Lago de Chapala, donde se impulsaron talleres con actores locales y se utilizó inteligencia artificial para identificar palabras clave, relaciones y contextos relevantes que ayudaran a construir un diagnóstico más completo y menos centralista.
Más allá de la técnica: una planeación con sentido social
La crítica a la planeación tradicional fue directa: demasiado técnica, poco política y casi nada social. Frente a ello, Herrera Montes propuso una planeación que incorpore pasado, presente y futuro; que reconozca debates emergentes como el de ríos sujetos de derechos; que cuestione la lógica puramente capitalista de la zonificación; y que asuma que todo programa urbano se implementa en un contexto social y político específico.
Para lograrlo, insistió en fortalecer al gremio profesional, no solo desde lo técnico, sino desde su capacidad de incidir en las leyes locales de ordenamiento territorial y en la discusión nacional sobre el marco jurídico que regula el territorio.
Al cierre de la sesión, se recordó que estas reflexiones no son ejercicios académicos aislados. Se trata de una conversación urgente para el país, en un momento donde la desigualdad, la crisis climática y el debilitamiento institucional presionan a las ciudades como nunca.
Conclusión: planear con justicia o seguir administrando la desigualdad
La conferencia dejó un mensaje claro: las ciudades no fracasan por falta de diagnósticos, sino por falta de intención política y visión democrática. Planear con justicia, sostenibilidad y diversidad implica aceptar la complejidad, abrir la toma de decisiones y reconocer que el territorio no es solo suelo regulable, sino un espacio vivo, social y profundamente político.
Las ciudades no se improvisan ni se decretan.Se construyen escuchando, anticipando y decidiendo con responsabilidad colectiva.