Una nueva advertencia empieza a circular en la industria automotriz global. Tras la crisis de semiconductores de 2021, ahora un nuevo riesgo emergente parece provenir de otro frente: los llamados chips de memorias. Analistas de S&P Global y bancos de inversión han comenzado a alertar sobre una posible escasez de DRAM (Dynamic Random Access Memory, por sus siglas en inglés) —un componente clave en los sistemas electrónicos de los vehículos— que podría elevar costos y generar tensiones en la cadena de suministro durante 2026. No se trata, por ahora, de una crisis inminente como la de hace cinco años, pero sí de una señal temprana de un nuevo desequilibrio tecnológico.
Para entender el problema conviene mirar primero la estructura de esta industria. El mercado global de memorias está extraordinariamente concentrado en tres grandes actores: las coreanas Samsung Electronics y SK Hynix y la estadounidense Micron Technology. Entre los tres controlan prácticamente todo el suministro global. Samsung y SK Hynix tienen una participación de mercado de aproximadamente 34% cada uno. Micron les sigue de cerca con una participación estimada cercana a 25%.
La economía del negocio también está cambiando rápidamente. Durante décadas, la DRAM fue considerada un producto relativamente “comoditizado”, con ciclos pronunciados de sobreoferta y caída de precios. Pero el auge de la inteligencia artificial está transformando esa lógica. Las grandes tecnológicas —los llamados hyperscalers— están invirtiendo cientos de miles de millones de dólares en centros de datos, generando una demanda explosiva por memorias HBM (High-Bandwith Memory, por sus siglas en inglés), mucho más compleja que la DRAM convencional.
A diferencia de las memorias DRAM, las HBM se pueden apilar, literalmente, una sobre otra, sobre una placa base, junto a los avanzados procesadores utilizados por los sistemas de inteligencia artificial. Esto permite un ancho de banda masivo, mayor eficiencia energética y ahorro de espacio, justo los que buscan los hyperscalers para sus centros de datos y las nuevas aplicaciones de inteligencia artificial. Pero hay otro detalle más: las HBM suelen ser mucho más rentables que las memorias DRAM tradicionales. Como resultado, los fabricantes están redirigiendo capacidad productiva hacia estos chips de mayor margen.
De hecho, se ha anunciado recientemente que Micron tiene ya toda su capacidad actual comprometida para este año y el próximo y, por lo mismo, tiene planes de inversiones masivas en megaplantas de fabricación. Un ejemplo de ello es la inversión que ha anunciado por $100 mil millones de dólares para su megafab en Clay, Nueva York, la cual se prevé iniciará producción para 2030.
¿Cuál es el impacto en el sector automotriz? El problema para la industria automotriz es que los vehículos dependen principalmente de DRAM tradicional. Estas memorias se utilizan en los sistemas de infoentretenimiento, en los “digital cockpits” y, cada vez más, en los sistemas avanzados de asistencia al conductor (ADAS). Sin embargo, el sector automotriz representa menos de 10% del mercado global de DRAM, lo que lo coloca en clara desventaja frente a los gigantes del cloud computing y la inteligencia artificial cuando se trata de asegurar el suministro.
Las consecuencias ya empiezan a discutirse en la industria. Algunos analistas estiman que los precios de la DRAM automotriz podrían aumentar entre 70% y 100% si la oferta se vuelve más limitada. En términos absolutos, el contenido de memorias en un vehículo puede oscilar entre 25 y 150 dólares, pero en plataformas eléctricas o con conducción asistida avanzada esta cifra continúa creciendo.
La buena noticia es que el impacto probablemente será selectivo. Los vehículos más expuestos son los de gama alta, que integran mayores capacidades de cómputo y arquitecturas electrónicas más complejas. Los modelos de menor costo, con menor contenido tecnológico, podrían experimentar efectos más limitados.
Pero más allá de la coyuntura, la advertencia es clara. A medida que el automóvil se convierte en una plataforma digital sobre ruedas, su dependencia de tecnologías desarrolladas para otras industrias —desde la nube hasta la inteligencia artificial— seguirá creciendo. La pregunta para los fabricantes no es solo cómo enfrentar una posible escasez de memorias, sino cómo construir cadenas de suministro más resilientes en un mundo donde la competencia por los chips apenas comienza.
* Profesor del IPADE Business School

