En el más reciente Consumer Electronics Show de Las Vegas, Hyundai mostró sus planes de llevar una versión del robot humanoide Atlas, diseñado por Boston Dynamics, a su piso de manufactura. En concreto, Hyundai habló de estar desplegando humanoides para 2028 en su planta de Georgia y que Boston Dynamics, de la cual Hyundai es accionista mayoritario, estaría fabricando 30 mil robots anuales para finales de esta década.
Más que un espectáculo tecnológico, este anuncio es la confirmación de que la robótica humanoide impulsada por inteligencia artificial (IA) está dejando atrás el laboratorio para entrar de lleno a las fábricas. La noticia se suma a otras de igual impacto: BMW Group, por ejemplo, ya ha probado robots humanoides Figure 02 en su planta de Spartanburg, Carolina del Sur, donde el robot insertó piezas de chasis con éxito en condiciones reales de producción, aportando precisión y aliviando a los trabajadores de tareas incómodas o ergonómicamente exigentes.
Los avances que hoy permiten a máquinas como Atlas o Figure moverse, percibir y actuar en entornos complejos no son meramente mecánicos, sino profundamente cognitivos. La robótica contemporánea se apoya en lo que se conoce como embodied AI: modelos que integran percepción visual, comprensión del lenguaje y acción, un enfoque que permite a los robots ver, interpretar instrucciones y ejecutar tareas con autonomía y adaptabilidad.
Estos robots están entrenados con modelos de IA que combinan sensores de visión, redes neuronales y algoritmos de aprendizaje profundo. En lugar de seguir programas rígidos y estáticos, aprenden dinámicamente del entorno y pueden incorporar nuevas habilidades con un mínimo de reconfiguración. Esto es lo que en la industria se denomina fundamentos VLA (vision-language-action models), esenciales para pasar de acciones preprogramadas a comportamientos autónomos en entornos irrestrictos.
Que estas noticias lleguen del mundo automotriz no es novedad. La manufactura de vehículos siempre ha sido un terreno fértil para la automatización. Sin embargo, hasta ahora, la mayoría de los robots han sido especializados —soldadura, pintura, atornillado— y requerían entornos altamente estructurados. La llegada de humanoides con capacidades cognitivas genera una oportunidad única: flexibilizar líneas, reducir tiempos muertos, integrarse con sistemas de manufactura digital y responder a variaciones de producto con un costo operativo menor a largo plazo.
Según varios análisis del sector, la inversión en robots de propósito general y embodied AI ha crecido exponencialmente en los últimos años, con financiamiento que supera los mil millones de dólares anuales y proyecciones que sitúan al mercado global de robots versátiles en decenas de miles de millones para la próxima década.
Si este tipo de plataformas se integran de forma escalable, el impacto en costos podría ser significativo: menos desperdicio, mayor calidad consistente, tiempo de ciclos reducidos y, sobre todo, la capacidad de reconfigurar plantas sin incurrir en inversiones tan pesadas en líneas rígidas.
No obstante, hay barreras tecnológicas y organizativas reales. Para empezar, hoy los modelos de IA requieren enormes cantidades de datos de entrenamiento y simulación para dominar una variedad de tareas que un operario humano realiza de forma natural. Las manos humanas, por ejemplo, ostentan cerca de 27 grados de libertad o movimientos; replicar ese nivel de destreza robótica aún está lejos de nuestros avances actuales.
La adopción masiva enfrenta, además, retos de seguridad, integración con sistemas existentes, cadena de suministro para componentes avanzados y, claro, el costo de adquisición inicial. Los robots humanoides no son baratos, por lo que fabricantes pequeños y medianos enfrentarían barreras de entrada significativas. También existe un debate legítimo sobre el impacto en el empleo: mientras algunos perfiles laborales serán sustituidos, otros —especialmente en programación, mantenimiento y supervisión de IA— crecerán en demanda.
Para un país como México, cuya economía depende en buena medida de la manufactura de exportación automotriz, esta ola tecnológica es una encrucijada y una oportunidad. La adopción temprana de robots humanoides generará eficiencias y posicionará a las plantas mexicanas dentro de cadenas globales de valor con ventajas competitivas claras. Sin embargo, sin una estrategia de capacitación y reconversión laboral —y sin inversión en infraestructura digital y de datos— el riesgo es quedarse atrapado en tecnologías del pasado mientras otros países avanzan hacia la manufactura cognitiva.
No cabe duda que la revolución de los robots humanoides está en marcha. La pregunta para México no es si llegará, sino cuándo y con qué preparación la podremos capitalizar.
* Profesor del IPADE Business School

