Por Sinan Atlig

América Latina ya ha demostrado que sabe prevenir. A lo largo de las últimas décadas, la región ha sostenido un compromiso constante con la vacunación infantil, logrando coberturas que han protegido a millones de niños y transformando de manera significativa el perfil epidemiológico de sus países. Esta base refleja no solo capacidad técnica, sino una cultura de prevención que forma parte de su identidad sanitaria.

Hoy, ese camino abre paso a una nueva etapa. En un contexto global marcado por el envejecimiento poblacional, la región tiene frente a sí la oportunidad de ampliar su enfoque y extender los beneficios de la vacunación a lo largo de la vida, especialmente en la población adulta.

La evidencia respalda este camino: cada año las vacunas evitan entre 4 y 5 millones de muertes en el mundo¹, y su impacto va mucho más allá de la salud. Se estima que por cada dólar invertido en vacunación se pueden generar hasta 54 dólares en beneficios económicos y sociales². En el caso de la vacunación en adultos, el retorno puede ser hasta 19 veces la inversión inicial³. Postergar la prevención es, en realidad, encarecer el futuro de los sistemas de salud.

Más que señalar una brecha, estos datos ponen en perspectiva el potencial de reforzar un modelo que ya ha demostrado su eficacia. El reto ahora es llevar esa capacidad instalada al siguiente nivel. Avanzar hacia esquemas de vacunación a lo largo de la vida no implica empezar desde cero, sino construir sobre lo que ya funciona. Significa aprovechar la confianza en las vacunas, las capacidades existentes y la experiencia acumulada para responder a nuevas necesidades de salud.

Este proceso ya está en marcha. En países como Argentina y Brasil se han puesto en marcha iniciativas enfocadas en la población adulta que buscan acompañar esta evolución, con un énfasis particular en personas mayores —65 años en Argentina y 60+ en Brasil—, quienes enfrentan un mayor riesgo ante enfermedades respiratorias.

A través de campañas centradas en la educación, alianzas con actores de confianza y llamados claros a la acción, estos esfuerzos buscan ir más allá de la concientización y facilitar decisiones informadas sobre la salud. Parte fundamental de estas iniciativas es el acceso a plataformas digitales confiables, como en Argentina y en Brasil, donde las personas pueden evaluar su elegibilidad para la vacunación de acuerdo con su edad y factores de riesgo, ubicar centros de vacunación y acceder a información clara sobre enfermedades respiratorias.

Este tipo de esfuerzos representa un paso relevante para traducir la ambición de salud pública en acciones concretas, acercando la prevención a la vida cotidiana de las personas.

El trabajo conjunto con gobiernos, sistemas de salud, comunidad científica y organizaciones de la sociedad civil es clave para fortalecer la cultura de la prevención, ampliar el acceso a la información e innovación y lograr que más personas se beneficien de los avances científicos.

La pandemia de COVID-19 marcó un antes y un después en la forma en que entendemos la salud pública. Demostró, por un lado, la capacidad de la ciencia para responder con innovaciones como las plataformas de ARN mensajero y, por otro, la importancia de contar con sistemas de salud preparados para proteger a la mayor parte de la población a largo plazo.

Hoy, ese aprendizaje abre una oportunidad concreta: avanzar hacia modelos de atención integrales, donde la prevención deje de ser un complemento y se consolide como un eje central.

A esto se suman tendencias globales —como el cambio climático, la urbanización acelerada y la movilidad internacional— que hacen aún más evidente la necesidad de anticiparse a los riesgos sanitarios. En este panorama, la prevención se vuelve un pilar estratégico para la seguridad sanitaria y la resiliencia de los países.

América Latina cuenta con los elementos necesarios para seguir impulsando el talento científico, la investigación clínica y una articulación creciente entre sectores. El reto es seguir fortaleciendo estas bases, reducir las barreras de acceso y asegurar que la innovación llegue de forma oportuna y equitativa a quienes la necesitan.

La evolución de los sistemas de salud no parte de una carencia, sino de una fortaleza comprobada. Se trata de ampliar lo que ya funciona, adaptándolo a los desafíos actuales y construyendo un futuro más saludable.

Invertir en prevención hoy es decidir, de manera consciente, qué tipo de sistemas de salud y qué futuro queremos construir para la región.

Presidente de Pfizer para América Latina y Mercados Emergentes

Notas al pie

  1. Organización Mundial de la Salud (OMS). Immunization coverage.
  2. Ozawa S. et al. (2016). Return on Investment from Childhood Immunization in Low- and Middle-Income Countries, 2011–20. Health Affairs.
  3. McKinsey & Company. The economic case for adult vaccination (estimaciones de retorno de inversión en programas de vacunación en adultos).
  4. Vacunasist. Plataforma informativa sobre vacunación en adultos en Argentina: www.vacunasist.com.ar
  5. Jornada Saúde Pfizer. Plataforma informativa sobre salud y vacunación en Brasil: www.jornadasaudepfizer.com.br

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