Por CHRISTOPHER CERNICHIARO REYNA
En México, la recaudación local sigue siendo una de las grandes debilidades de las finanzas públicas subnacionales. Durante décadas, los estados y municipios han dependido en gran medida de las transferencias federales, lo que ha limitado su autonomía y ha profundizado las desigualdades entre regiones. Aunque fortalecer los ingresos propios implica enfrentar resistencias políticas y administrativas, hacerlo es indispensable para que los gobiernos locales puedan responder mejor a las necesidades de su población y ofrecer bienes y servicios públicos acordes con las realidades de cada territorio.
La importancia de este tema radica en que la recaudación local es un elemento central para la autonomía de los gobiernos subnacionales. Los ingresos propios provienen de impuestos, derechos y otros conceptos locales. Al ser recursos de libre disposición permiten a los estados y municipios decidir cómo y en qué gastar. Esto incide directamente en su capacidad para atender necesidades básicas y diseñar políticas públicas acordes con las características de cada territorio.
No obstante, la realidad muestra que en México la recaudación local sigue siendo reducida. Según las cifras públicas más recientes de la SHCP, en 2024 los ingresos propios representaron en promedio alrededor del 15% de ingresos estatales, mientras que el resto provino de transferencias federales. Esta alta dependencia no es reciente. En 2004 la recaudación local apenas alcanzaba el 10% de los presupuestos públicos estatales, lo que confirma que se trata de un problema estructural que no ha sido atendido de manera sostenida.
La autonomía fiscal es muy desigual entre los estados. En 2024 Quintana Roo, Baja California y la Ciudad de México mostraron los mayores niveles de ingresos propios, cercanos a un tercio de sus presupuestos estatales. En contraste Tlaxcala, Oaxaca, Guerrero y Chiapas dependen casi por completo de transferencias federales, ya que su recaudación local no supera el 7% de sus ingresos totales. Estas diferencias reflejan brechas profundas en las capacidades fiscales y económicas del país.
Las causas de esta desigualdad son múltiples. Los estados con mayores ingresos propios suelen tener economías más amplias y mercados laborales formales de mayor tamaño. También influye la actividad turística y comercial. A ello se suman las capacidades técnicas y administrativas de las haciendas estatales y los incentivos políticos para cobrar impuestos locales. En muchos casos la alta dependencia de transferencias federales reduce el incentivo para fortalecer la recaudación propia. Los estados con menor recaudación enfrentan economías pequeñas o informales, mayores niveles de pobreza y una dependencia persistente de recursos federales.
Aun con estas limitaciones, fortalecer la recaudación local puede mejorar la atención de las necesidades de la población. Aunque es un proceso complejo y políticamente costoso, incrementar los ingresos propios permite mejorar la provisión de servicios públicos, infraestructura y programas sociales. Además, por su cercanía con la población, los gobiernos locales suelen conocer mejor las problemáticas de su territorio, lo que puede traducirse en políticas públicas más pertinentes y alineadas con las prioridades de sus habitantes.
Cerrar el debate sobre la recaudación local no es una opción sin costos. Mantener la dependencia de las transferencias federales limita la capacidad de los gobiernos subnacionales para planificar y priorizar el gasto público. También debilita la rendición de cuentas y perpetúa las desigualdades regionales. Fortalecer los ingresos propios no resolverá por sí solo los problemas del desarrollo regional, pero es un paso necesario para construir finanzas públicas más sólidas y gobiernos locales con mayor responsabilidad frente a su población.
ccernichiaro@correo.xoc.uam.mx
Universidad Autónoma Metropolitana Unidad Xochimilco
Departamento de Producción Económica

