Karin Nunan
“Los Principios ambientales, sociales y de gobernanza (ESG, por sus siglas en inglés) están en el centro del éxito sostenible a largo plazo de las empresas y las inversiones privadas”. — International Finance Corporation
Diversos organismos multilaterales han advertido que el principal desafío en infraestructura no es la falta de capital, sino la falta de proyectos que cumplan con los estándares necesarios para acceder a financiamiento. En México, esa distinción también aplica, ya que no basta con tener proyectos, hay que tener proyectos que cumplan con los criterios aplicados por el capital internacional, con particular énfasis en los de materia Ambiental, Social y de Gobernanza (ESG).
En un entorno donde el capital internacional es cada vez más selectivo, ya no basta con presentar una buena idea o incluso un proyecto técnicamente sólido. Para acceder a financiamiento —particularmente de instituciones multilaterales— se requiere cumplir con un estándar más exigente que combina viabilidad técnica, solidez financiera, estabilidad del entorno político y, de manera determinante, un cumplimiento riguroso en materia ambiental, social y de gobernanza.
Aquí es donde muchos proyectos fracasan.
Hoy, el componente ESG (criterios Ambientales, Sociales y de Gobernanza) dejó de ser un diferenciador para convertirse en una condición de entrada. Instituciones como el Banco Mundial, la Corporación Financiera Internacional (IFC) o la U.S. Development Finance Corporation (DFC) no evalúan únicamente la rentabilidad; evalúan si el proyecto es ambientalmente responsable, socialmente legítimo y si cuenta con una gobernanza capaz de sostenerlo en el tiempo. Sin ese cumplimiento, el financiamiento no ocurre.
No es opcional.
El referente global en este sentido son los Estándares de Desempeño de la IFC sobre Sostenibilidad Ambiental y Social, que definen cómo deben gestionarse los riesgos ambientales y sociales a nivel de proyecto. Sobre esta base, los Principios de Ecuador —adoptados por el sistema financiero internacional— convierten estos enunciados en criterios concretos para decidir qué proyectos se financian y en qué condiciones.
En otras palabras, la bankability (o “bancabilidad”) hoy está directamente vinculada al cumplimiento ESG. No se trata sólo de que el proyecto funcione, sino también de cómo se diseña y bajo qué principios opera desde el inicio.
Pacífico Mexinol, en Sinaloa —que será la planta de metanol de emisiones ultra bajas de carbono más grande del mundo— es ejemplo de cómo se construye un proyecto financiable bajo estos criterios. Desde etapas tempranas, incorporó estándares internacionales como eje de decisión.
Criterios ambientales, del cumplimiento a la prevención
El proyecto pasó de un diseño cercano a la Bahía de Ohuira a una relocalización hacia un terreno privado de uso agrícola, tras identificar la sensibilidad ecológica de la zona. A partir de ahí, integró soluciones preventivas como el uso exclusivo de aguas residuales municipales, eliminación de impactos a cuerpos de agua, innovaciones para evitar emisiones al aire y uso de infraestructura portuaria existente para evitar nuevas afectaciones.
Dimensión social, legitimidad como condición de viabilidad.
El proyecto estructuró un proceso formal de diálogo y consulta desde etapas tempranas, consolidado en la Manifestación de Impacto Ambiental (MIA), que es el instrumento regulatorio en México para evaluar los impactos ambientales y sociales de un proyecto, el cual se robusteció con una Evaluación de Impacto Ambiental y Social (ESIA), que es el estándar internacional utilizado por financiadores como la IFC para analizar riesgos y medidas de mitigación bajo criterios ESG.
Durante su divulgación, más de 560 actores —incluyendo comunidades indígenas— fueron consultados, y sus aportaciones se integraron en el diseño final, que hoy incluye más de 300 compromisos ESG. Este nivel de interacción es lo que construye legitimidad social y reduce riesgos críticos para el financiamiento.
Convenio 169, más allá del requisito legal.
El Convenio 169 de la OIT establece la obligación de consulta previa, libre e informada cuando existe afectación directa a pueblos indígenas. Sin embargo, los proyectos financiables no operan bajo el mínimo legal, sino bajo el estándar más alto. Pacífico Mexinol adoptó estos principios desde etapas tempranas, integrando procesos de consulta y participación incluso sin una afectación directa.
Ese es el estándar que hoy observan los financiadores.
Gobernanza, la base de la credibilidad.
El proyecto incorpora elementos clave para la toma de decisión de los financiadores como la adopción de estándares internacionales desde el diseño, mecanismos formales de consulta y quejas, trazabilidad en decisiones, transparencia y capacidad institucional para implementar y dar seguimiento a más de 300 compromisos ESG.
La gobernanza es lo que garantiza que lo ambiental y lo social no se queden en el discurso.
Finalmente, la bancabilidad no se construye sólo en modelos financieros, sino en la confianza. En México no faltan proyectos; el estándar es el que cambió.
Los criterios ESG, hoy, forman parte de lo que define su viabilidad de largo plazo.
Karin Nunan es Directora Global de Asuntos Corporativos y ESG de Transition Industries. En su trayectoria profesional, se ha desempeñado como asesora financiera para instituciones multilaterales y de financiamiento para el desarrollo en más de 50 proyectos a nivel global, varios de ellos vinculados con la protección de comunidades y pueblos indígenas. También ha liderado estrategias de relación comunitaria y asuntos gubernamentales en proyectos energéticos de gran escala en países en desarrollo.
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