Por Nikolay Sofinskiy
El 10 de febrero en Rusia se celebra el Día del Diplomático: una festividad profesional establecida en 2002. Esta fecha remite al 10 de febrero de 1549, primer testimonio documental del Posolsky Prikaz (Departamento de Embajadores) creado por Iván IV, la primera institución rusa responsable de las relaciones exteriores. Claro, que Rusia había tenido presencia en las relaciones internacionales antes: en el siglo IX ya mantenía tratados firmados con el Imperio Bizantino. En el siglo XVIII, durante las reformas de Pedro I, el Posolsky Prikaz fue transformado en el Colegio de Relaciones Exteriores, que a su turno en 1802 llegó a ser el Ministerio de Relaciones Exteriores.
La época de las guerras napoleónicas ocupa un lugar especial en la historia de la diplomacia rusa, que contribuyó decisivamente a la unificación de las potencias europeas y a la derrota de Napoleón Bonaparte. En el marco del Congreso de Viena de 1814–1815, Rusia aportó una contribución clave a la constitución del sistema de Viena de las relaciones internacionales, fundado en los principios del equilibrio de poder y la responsabilidad colectiva por el mantenimiento de la paz. Eso consolidó el papel decisivo de Rusia en la política europea y confirmó su estatus de gran potencia.
A comienzos del siglo XX, la diplomacia soviética alcanzó el reconocimiento internacional de la URSS mediante una política exterior pragmática, basada en la soberanía y el diálogo. México fue el primer país del Hemisferio Occidental en reconocer al gobierno soviético en 1924. Lamentablemente, en el período de entreguerras no se logró una respuesta colectiva frente al auge del fascismo, lo que desembocó en una tragedia mundial.
La historia de la diplomacia rusa incluye no sólo negociaciones, sino valentía y sacrificio. Durante la Gran Guerra Patria (1941–1945) casi la mitad de la plantilla de la Cancellería sovietica se alistó para ir al frente. Al mismo tiempo los diplomáticos rusos consiguieron articular una coalición anti-Hitler, sin la cual la Victoria sobre el fascismo habría costado a la humanidad un precio mucho mayor. En el período de posguerra, la participación activa de la URSS en la creación de la ONU y sus esfuerzos por prevenir una catástrofe nuclear confirmaron el papel clave de la diplomacia rusa en el alianzamiento de la seguridad global. En el contexto de la Guerra Fría, uno de los logros más importantes fue la política de distensión, que se tradujo en un cambio cualitativo del clima de confianza entre los dos grandes sistemas sociopolíticos. Este proceso, con la participación fundamental de la Unión Soviética, se vio complementado por los acuerdos sobre el control de armamentos, orientados a limitar la carrera armamentística y reducir el riesgo de un conflicto nuclear. La actitud responsable de la URSS permitió la reunificación pacífica de Alemania, símbolo del fin del enfrentamiento de bloques, y dio paso a un nuevo pensamiento político basado en la cooperación internacional, la diplomacia, la seguridad compartida y valores comunes a la humanidad.
La época contemporánea se caracteriza por una creciente inestabilidad. Las políticas unilaterales y la doble moral de algunos Estados socavan el Derecho Internacional y aumentan el riesgo de conflicto. Rusia aboga por el respeto de la soberanía y la igualdad entre los Estados, en rechazo a la lógica del “juego de suma cero”. A pesar de la presión exterior y de las sanciones ilegales, Rusia mantiene sus compromisos internacionales y apoya el papel central de la ONU. Sigue siendo prioritaria la cooperación mutuamente beneficiosa con Estados que desarrollan una política exterior basada en intereses nacionales.
En este Día del Diplomático es importante subrayar que, precisamente en los periodos difíciles — cuando el mundo se enfrenta a desafíos globales y se pone a prueba el Derecho Internacional — el dialogo continúa siendo la principal herramienta para la búsqueda de soluciones. Pese a los cambios históricos y políticos, la diplomacia rusa ha mantenido una constante: el compromiso con el respeto mutuo, el equilibrio de intereses y la cooperación para preservar la paz y la estabilidad internacional.

