Por NORA RUVALCABA

Hay momentos en la vida pública de un estado en los que la conversación cambia de narrativa. Aguascalientes vive uno de ellos. En universidades, centros de trabajo, comunidades rurales, espacios empresariales y conversaciones cotidianas aparece una inquietud compartida: la necesidad de definir un nuevo rumbo para nuestro estado. No es solamente una aspiración, es una demanda legítima que nace de la experiencia diaria de miles de familias que saben que el estado puede dar mucho más de lo que hoy ofrece.

Durante años se ha hablado del potencial de nuestra entidad, pero este no siempre se ha traducido en bienestar para la mayoría. Hoy existe una exigencia cada vez más clara desde distintos sectores de la sociedad hidrocálida —trabajadoras y trabajadores, empresariado local, juventudes, productores del campo, comunidades académicas y organizaciones sociales—: construir un nuevo rumbo para Aguascalientes en el periodo 2027–2033 que garantice prosperidad compartida y coloque el desarrollo económico al servicio del pueblo.

Con ese espíritu realizamos la Primera Convención Hidrocálida para la Reconstrucción Económica y Social. No fue un evento más en el calendario político; fue, sobre todo, un ejercicio de escucha y reflexión colectiva. De ese diálogo surgió el Decálogo de Anhelos del Pueblo de Aguascalientes, una síntesis de preocupaciones, propuestas y expectativas que distintos sectores han expresado sobre el futuro de nuestra entidad.

Entre los planteamientos aparecen temas impostergables: garantizar agua suficiente para los hogares y para el campo, ampliar el acceso a vivienda adecuada para juventudes y familias trabajadoras, atraer inversión responsable que genere empleos con salarios bien pagados y fortalecer la seguridad pública. La aspiración es simple: que nadie tenga que vivir con miedo ni pagar extorsiones para poder trabajar, emprender o producir.

Este debate local también ocurre en un momento de transformación nacional. La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo ha planteado la construcción del segundo piso de la transformación como una etapa destinada a profundizar la justicia social y fortalecer el desarrollo regional del país.

En esa misma conversación pública, el diputado federal Alfonso Ramírez Cuéllar ha insistido en la importancia de articular un amplio movimiento ciudadano que piense el futuro de Aguascalientes con honestidad en el manejo de los recursos públicos y con una agenda centrada en el bienestar colectivo.

El momento que vive la entidad exige visión de largo plazo. Más allá de coyunturas políticas, el desafío consiste en imaginar qué tipo de desarrollo queremos construir y qué acuerdos sociales permitirán hacerlo realidad durante el periodo 2027–2033.

El Decálogo de Anhelos del Pueblo de Aguascalientes representa un punto de partida para esa tarea colectiva. Resume aspiraciones ampliamente compartidas: crecimiento económico con equidad, instituciones confiables, seguridad para las familias, oportunidades para las juventudes y un uso responsable de los recursos naturales.

Aguascalientes tiene talento, capacidad productiva y energía social para convertirse en un referente de desarrollo e innovación. El desafío ahora es transformar ese potencial en bienestar social y abrir una etapa de progreso incluyente que responda a las aspiraciones de su gente.

Ese es el nuevo rumbo que hoy reclama Aguascalientes.

Senadora de la República por Aguascalientes

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