Por SIVAN KFIR KATZ

La historia del desarrollo urbano siempre se ha escrito siguiendo el curso de los ríos. Sin embargo, en el siglo XXI, las grandes metrópolis exigen un cambio de paradigma. Desde Israel, compartimos una visión que ha dejado de ser teoría para convertirse en la columna vertebral de la seguridad nacional: el agua no se consume, se gestiona en un ciclo.

Para una ciudad, el tratamiento de aguas residuales no debe verse como un proceso técnico secundario, sino como una estrategia de ordenamiento. En lugar de buscar fuentes externas cada vez más lejanas y costosas, la respuesta ya fluye bajo el asfalto todos los días en volúmenes masivos.

Israel es líder mundial en reutilización de agua, ya que se recicla aproximadamente el 90% de sus aguas residuales. Para ponerlo en perspectiva, el segundo país en la lista es España, con cerca del 20%. Además, cerca del 50% del agua utilizada en la agricultura israelí proviene de agua reciclada.

Históricamente, los lagos y presas fueron sinónimos de abundancia; hoy, bajo la presión del cambio climático, son indicadores de vulnerabilidad. La variabilidad en las lluvias ha convertido a las presas en instrumentos sujetos a incertidumbre climática, más que en fuentes plenamente fiables.

Un caso emblemático que ilustra esta transformación es la restauración del Mar de Galilea (Kinneret). Durante décadas, éste fue la principal fuente de agua dulce del país. La sobreexplotación y las sequías recurrentes llevaron su nivel a la "línea negra", amenazando con un colapso ecológico.

La solución no fue buscar una nueva fuente, sino dejar de depender de él. Al integrar la desalinización masiva, que hoy provee más del 80% del agua doméstica en Israel, el país permitió que sus acuíferos y el Mar de Galilea se recuperaran. Hoy, incluso se bombea agua desalinizada de vuelta a éste para mantener su salud ecosistémica, demostrando que la tecnología puede restaurar lo que la necesidad humana agotó.

Para replicar estos casos de éxito, es fundamental abordar el costo del agua. La sostenibilidad hídrica no es sólo una cuestión de tuberías, sino de modelos económicos. En Israel, el éxito del sistema radica en una gestión técnica y despolitizada donde el precio del agua refleja el costo real de extraerla, tratarla, distribuirla y, lo más importante, volverla a tratar para su reúso. Cada shekel pagado por el usuario se reinvierte directamente en la infraestructura hídrica, garantizando que el sistema sea autosuficiente y moderno.

Este modelo permite que el agua del grifo sea 100% potable, lo que elimina el gasto de las familias en agua embotellada, un costo que en México representa una carga económica significativa para los hogares.

Tanto México como Israel se encuentran ante desafíos hídricos complejos que requieren soluciones sostenibles y de largo plazo. La experiencia israelí demuestra que la escasez no es un destino inevitable, sino una oportunidad para innovar en la gestión del agua. A través de políticas públicas consistentes, tecnología y planificación estratégica, es posible transformar una limitación estructural en una base para el desarrollo sostenible.

Agregada comercial en la Embajada de Israel en México.

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