Por Jorge R. Marín Marrufo
Cada 2 de abril el mundo conmemora el Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo. Más que una fecha simbólica, es un recordatorio de que millones de personas viven con el Trastorno del Espectro Autista (TEA) y enfrentan diariamente barreras sociales, educativas y sanitarias. En Yucatán, esta realidad sigue siendo una deuda pendiente para las instituciones y también para la sociedad.
Uno de los primeros problemas es la falta de información confiable. En pleno 2026, el estado de Yucatán no cuenta con un censo oficial que permita conocer cuántas personas viven con autismo. Diversas estimaciones hablan de al menos dos mil casos detectados en la entidad, aunque especialistas señalan que la cifra real podría ser mucho mayor debido al subdiagnóstico y a la falta de acceso a evaluaciones especializadas.
Si se considera que estudios internacionales estiman que aproximadamente una de cada 115 personas puede estar dentro del espectro autista, el número de personas con esta condición en Yucatán podría ser significativamente mayor, incluso acercándose a decenas de miles si se toma en cuenta la población estatal.
La atención: avances insuficientes
En los últimos años se han dado algunos pasos importantes. Uno de ellos es la creación del Centro Estatal para el Trastorno del Espectro Autista (CETEA), anunciado como el primero de su tipo en el sureste de México, con el objetivo de ofrecer terapias integrales y acompañamiento familiar para niñas y niños con autismo.
Además, existen otros espacios que brindan atención o acompañamiento a niños con TEA en el estado. Entre ellos destacan:
* Centro de Rehabilitación y Educación Especial (CREE) del DIF Yucatán, que cuenta con áreas de evaluación, psicología infantil, terapia de lenguaje y estimulación multisensorial para atender a menores con esta condición.
* El Ayuntamiento de Mérida, inauguró el Centro Municipal de Autismo, un espacio único en su tipo que con la incorporación de dos nuevos espacios especializados de grado médico: un gimnasio terapéutico y un Centro de Estimulación Sensorial.
* Asociación Yucateca contra el Autismo (A.Y.U.D.A.), una organización civil que ofrece terapias especializadas y apoyo a familias, incluso con esquemas de bajo costo para personas de escasos recursos.
En el interior del estado también comienzan a surgir iniciativas, como la creación de espacios especializados para la atención de niñas y niños con autismo en municipios como Valladolid y Conkal, donde se proyecta una “Sala Azul” orientada a brindar diagnóstico y acompañamiento a familias.
Sin embargo, estos avances son todavía insuficientes frente a la magnitud del desafío.
El diagnóstico tardío y las terapias inaccesibles
Para muchas familias yucatecas, el diagnóstico temprano sigue siendo un lujo. En la práctica, el acceso a especialistas es limitado y las terapias pueden representar un gasto considerable para hogares de ingresos medios o bajos.
En centros especializados del estado, una sesión de terapia puede costar alrededor de 250 pesos por hora, lo que para muchas familias implica un gasto mensual difícil de sostener.
Esta situación provoca que muchos niños con autismo no reciban intervención temprana, a pesar de que la evidencia científica demuestra que la estimulación oportuna puede mejorar significativamente su desarrollo social, comunicativo y educativo.
Una sociedad que aún no entiende la neurodiversidad
El autismo no es una enfermedad que deba “curarse”, sino una condición del neurodesarrollo que forma parte de la diversidad humana. Sin embargo, en la práctica cotidiana persisten prejuicios, desinformación y discriminación.
En las escuelas todavía es común que los niños con autismo enfrenten dificultades para ser integrados en aulas regulares. Muchos docentes no cuentan con capacitación para atender adecuadamente a estudiantes neurodivergentes.
En el ámbito laboral, la situación es aún más compleja. Las personas con autismo enfrentan enormes barreras para acceder a empleos formales y dignos, lo que limita su independencia y su participación plena en la sociedad.
La responsabilidad es compartida
El Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo debe servir para algo más que iluminar edificios de azul. Debe ser un momento para reconocer que aún falta mucho por hacer.
El gobierno estatal y los municipios deben fortalecer la detección temprana, ampliar los servicios públicos de terapia y garantizar educación inclusiva. Las universidades deben formar más especialistas en neurodesarrollo.
Pero también la sociedad tiene una responsabilidad: aprender, comprender y respetar la diversidad neurológica.
La Federación Mexicana de Promoción a la Salud, A.C, está dispuesta a colaborar para ampliar los beneficios que deben de recibir las familias, a través de las propuestas de ley que podamos generar para mejorar su situación.
Yucatán se enorgullece de su cultura y de sus valores comunitarios. Esa identidad debe reflejarse también en la manera en que tratamos a quienes perciben el mundo de forma distinta.
Porque la verdadera inclusión no se mide en discursos ni en campañas temporales. Se mide en oportunidades reales para que cada persona —sin importar su condición— pueda vivir con dignidad, participar en la comunidad y desarrollar plenamente su potencial.
En ese camino, el autismo nos recuerda algo fundamental: la diversidad humana no es un problema que resolver, sino una riqueza que aprender a comprender.
Presidente de la Federación Mexicana de Promoción de la Salud
Especialista en Salud Pública
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