A nuestra especie la incertidumbre le incomoda. Lidiar con ella no le es fácil. Cuatro meses después del inicio “oficial” de la pandemia, las dudas incomodan, permean e incluso incordian. “Oficial” entre comillas: la desconfianza mundial hacia la mayoría de los políticos cuestiona, no todo, casi todo. Y no es que los políticos sean los responsables o los padrinos del virus, pero, mucho tienen que ver con la situación actual y más, mucho más, con el devenir post Covid-19. El mundo tiene avidez y hambre de saber. Requiere datos adecuados. El entuerto es grande. No nos encontramos en un callejón sin salida, pero, la situación se antoja muy complicada: lidiamos con información imposible de confirmar y requerimos información imprescindible y fidedigna. Menudo problema.

Ante la falta de “datos duros”, Blas Pascal orienta: “No puedo entender el todo si no conozco las partes y no puedo entender las partes si no conozco el todo”. Conocemos mucho acerca del virus pero desconocemos más de lo que conocemos. Pleonasmo intencional: lidiar sin elementos sólidos es complicado. La falta de precisión y de datos contundentes agobia. Como en tantas ocasiones los “responsables” no convencen, y, como siempre, cuando se trata de responder sin ambages cuentan con suficientes artilugios para culpar a “los otros”. No es la historia de la humanidad per se, es nuestra historia, la que trazamos y construimos, la que borramos y escondemos día a día: se borra un día, se construye días después lo que apenas se borró.

Contar con elementos precisos acerca de las partes, como escribe el polímata francés, es crítico. Mucho se sabe sobre el Covid-19: es zoonótico —se transmite entre animales y humanos—, su genoma ha sido descifrado, los viriones —partícula infecciosa del virus— tienen una pequeña “corona” que presenta a su alrededor cuando son observados por medio de microscopía electrónica, afecta poco a niños, unas poblaciones son más susceptibles que otras y la velocidad de su propagación difiere. Se conocen más datos: se transmite de un ser humano a otro, no existen vacunas para prevenir la infección y no hay cura. La ecuación es la siguiente: Mucho se sabe, mucho se ignora.

No contar con todas las partes, como hoy sucede, incomoda. Dudar, temer, ser presa de desasosiego e incertidumbre son situaciones consustanciales cuando al rompecabezas le faltan piezas. Para avanzar es necesario desmenuzar las partes, entenderlas y transmitirlas con claridad.

Faltan piezas, sobran preguntas. ¿Qué sucederá en el mundo, de por sí enfermo crónico y en algunas áreas cuasi terminal, cuando se decrete el final de la pandemia?; ¿cuándo contaremos con todas las piezas del rompecabezas?; ¿cuántas muertes pudieron evitarse?; ¿qué tan responsables son los Estados?; si se confirma que China ocultó datos con tal de salvaguardar su economía, ¿qué sucederá? —la respuesta es nada: Trump seguirá con sus peroratas y Xi Jinping incrementará su poder omnímodo. Sobran inquietudes: dentro de los cada vez más incontables decesos, entre ellos muchos del personal dedicado a la salud, ¿cuántos políticos han fenecido? (abro paréntesis imprescindible: no deseo su muerte. Hablo de compromiso); ¿será posible exigirle a los dueños del mundo y del dinero que inviertan más en salud? No creo en las teorías de la conspiración y no pienso que el virus se haya utilizado como arma biológica, pero admito el disenso: no pocas personas dudan de la capacidad mortífera del virus y/o están convencidos que fue creado para desestabilizar (¡más!) el orden (desorden) mundial, ¿podría ser esto veraz?

Para responder a las preguntas es necesario conocer y pegar las partes. Para pegar las partes es necesario conocer todo. Ni los políticos, ni los médicos, ni los científicos ni los ciudadanos de a pie conocemos todo, pero, la estirpe política, aconsejada por sus asesores en salud, debe responder. De otra forma será imposible finalizar el rompecabezas Covid-19.



Médico y escritor

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