Durante los últimos dos años, Armenia, teniendo la voluntad política de encontrar una verdadera y duradera paz en la región, ha estado entablando conversaciones de buena fe con Azerbaiyán. Hay vías separadas de negociaciones: primera, la apertura de todas las comunicaciones de transporte en la región, segunda, delimitación y seguridad fronteriza, y la tercera, el tratado sobre el establecimiento de relaciones pacíficas entre Armenia y Azerbaiyán.
En cuanto al tema de la conectividad, la postura de Armenia es clara: el país está listo para abrir todas las comunicaciones en el mismo momento en que Azerbaiyán acepte que las carreteras deben estar operando bajo la soberanía y jurisdicción de los estados por los que pasan. Con respecto a la delimitación de fronteras, lamentablemente, meses después del establecimiento de las comisiones sobre la delimitación de fronteras en 2022, Azerbaiyán no solo planteó nuevos reclamos territoriales, sino que también lanzó otra invasión al territorio soberano de la República de Armenia, intentando después, justificar su agresión con el argumento falso de que la frontera no está delimitada. En lo que respecta al acuerdo sobre el establecimiento de relaciones pacíficas, las partes intercambiaron propuestas sobre el proyecto de tratado e intentaron avanzar en el proceso para encontrar soluciones justas a los problemas centrales.
Desafortunadamente, en respuesta a los esfuerzos de Armenia, Azerbaiyán no solo demuestra un enfoque desdeñoso y maximalista durante las negociaciones, sino también acciones agresivas sobre el terreno a pesar de las negociaciones en curso.
El 11 de abril, estalló un enfrentamiento mortal entre las fuerzas armadas de Azerbaiyán y Armenia en las cercanías del pueblo Tegh en la región de Syunik en Armenia. Un grupo de militares azerbaiyanos se acercó a la zona donde los militares armenios realizabas obras de ingeniería y abrieron fuego en su dirección. Debido a esta provocación, comenzó una escaramuza que resultó en bajas de ambos lados. El tiroteo mortal que ocurrió el 11 de abril, estuvo precedido por días de negociaciones entre las partes. A fines de marzo, las fuerzas azerbaiyanas tomaron el control de una carretera temporal que conecta la nueva ruta del corredor de Lachín con Armenia y avanzaron varios cientos de metros hacia el territorio soberano de Armenia. Las fuerzas armadas de Azerbaiyán instalaron posiciones militares en partes de las tierras agrícolas pertenecientes a los residentes de Tegh. Estas acciones demuestran una vez más la falta de sinceridad en el enfoque en Bakú sobre el proceso de normalización, así como el recurso continuo del uso de la fuerza.
Si bien todos los mediadores han estado instando a las partes a llevar a cabo la delimitación y demarcación de la frontera entre Armenia y Azerbaiyán, Azerbaiyán se ha involucrado en un proceso propio de “delimitación y demarcación” de facto, cambiando los hechos sobre el terreno. Esta táctica ha sido utilizada por Azerbaiyán tanto en Armenia como en Nagorno-Karabaj.
Es importante evitar la normalización de la política de frontera agresiva de Bakú. La falta de una fuerte respuesta internacional incentiva a Azerbaiyán a seguir con esta táctica sobre el terreno. Las declaraciones neutrales y los llamamientos a ambas partes para que reduzcan la tensión no ayudan en absoluto. Solo hay un lado que intensifica la situación en el terreno.
Paralelamente a estas acciones, Azerbaiyán regularmente se aleja de los acuerdos, continúa con su discurso de odio y su retórica xenófoba, de igual manera, se niega a resolver problemas humanitarios como la liberación de 33 prisioneros de guerra armenios confirmados que aún se encuentran retenidos como rehenes en Azerbaiyán. Al mismo tiempo, aún se desconoce el destino de muchos más armenios. El patrimonio religioso y cultural armenio, el cual cayó bajo el control de Azerbaiyán en 2020, enfrenta una amenaza inminente de eliminación total. Todo esto desafía los esfuerzos por establecer una paz y una estabilidad duraderas en toda la región.
Hace más de cuatro meses que Azerbaiyán bloqueó el corredor de Lachín, la única carretera que conecta Nagorno-Karabaj con el mundo exterior, creando una crisis humanitaria. El bloqueo del corredor por parte de Azerbaiyán es una violación flagrante de la Declaración Trilateral del 9 de noviembre del 2020, la cual prevé que Azerbaiyán “garantizará la circulación segura de ciudadanos, vehículos y carga en ambas direcciones a lo largo del corredor de Lachín”. Uno pensaría que una decisión legalmente vinculante de la Corte Internacional de Justicia, que fue adoptada el 22 de febrero, podría haber resuelto la situación ya que la Corte ordenó a Azerbaiyán que tomara las medidas necesarias para garantizar un movimiento sin obstáculos a lo largo del corredor de Lachín. Es lamentable que hasta el momento no se haya implementada la decisión.
Armenia ha estado pidiendo que se envíe una misión internacional urgente de determinación de los hechos a Nagorno-Karabaj y al corredor de Lachín para evaluar la situación sobre el terreno. La propuesta de tal misión ha sido rechazada repetidamente por la parte azerbaiyana, lo que demuestra claramente la falta de voluntad de los líderes azerbaiyanos de ser transparentes y responsables ante la comunidad internacional.
Paralelo al bloqueo del corredor de Lachín, Azerbaiyán continúa aterrorizando a los armenios de Nagorno-Karabaj al crear condiciones insoportables para vivir en su patria con el objetivo final de la limpieza étnica. Junto a la crisis humanitaria, Azerbaiyán también ha provocado una crisis energética en Nagorno-Karabaj. En condiciones frías de invierno, las autoridades de Azerbaiyán interrumpieron repetidamente y continúan interrumpiendo el suministro de gas y electricidad.
Las declaraciones que el presidente de Azerbaiyán, Ilham Aliyev, hizo el 18 de abril, demuestran una vez más sus intenciones de torpedear los esfuerzos de la parte armenia y de la comunidad internacional destinados a establecer la paz en el Cáucaso Sur. El discurso de odio expresado por los principales líderes de Azerbaiyán hacia el pueblo armenio, claramente está dirigido a profundizar la intolerancia y el odio hacia el pueblo armenio que las autoridades estatales han propagado en la sociedad azerbaiyana durante décadas. Las consecuencias de este discurso de odio son igualmente los crímenes de guerra, las ejecuciones extrajudiciales de prisioneros de guerra y cautivos civiles, cometidos por los representantes de las fuerzas armadas de Azerbaiyán sobre la base de la etnia, las grabaciones de video y su distribución por parte de quienes cometieron crímenes como cuestión de orgullo.
Embajadora de Armenia en México






