López-Gatell destapó la corcholata premiada

Arlequín

Hace solo un año se sentía invencible. Estaba en las portadas de diarios y revistas, en todos los canales de televisión y estaciones de radio se hablaba de él. Ahora, todos hablaban del doctor López-Gatell, aunque la mayoría habla muy mal.

Atrás quedaron los días de gloria del médico en los que tenía todas las noches a las siete su programa “La Hora de Gatell”, en la que arrancaba risas con sus cantifleadas y maromas. Para la historia quedaron algunos sketches, que seguro se repetirán a lo largo de los años y seguirán sacando carcajadas al público. Cómo olvidar aquél en el que decía: “el cubrebocas sirve para lo que sirve,  y no sirve para lo que no sirve”; o el otro, en el que dijo: “las personas que fallecieron, fallecieron”.

Era, además, el soltero más codiciado de la pandemia. Todo eran risas, viajes a la playa, caminatas por la colonia Condesa y arrumacos con su pareja, los medios no perdían tampoco un detalle de su vida privada.

En el plano político pasaba, con la complacencia del Presidente, sobre varios secretarios de Estado, entre ellos su jefe inmediato el secretario de Salud, y en varias ocasiones enfrentó a la jefa de Gobierno de la CDMX Claudia Sheinbaum, y al canciller Marcelo Ebrard. Algunos medios de comunicación incluso medían su popularidad, que en ocasiones llegó a rebasar la del supremo jefe de la Cuarta Transformación. Sus devotos lo consideraban incluso presidenciable. Pero como lo demostró sir Isaac Newton, todo lo que sube tiene que bajar, y ahora el doctor López-Gatell está a la baja, abajo.

Muchos lo criticaban por ser un político disfrazado de científico, pero resultó ser charlatán disfrazado de científico con aspiraciones políticas. Sin embargo, cuando el zar de la pandemia de México resultó contagiado de Covid, muy probablemente perdió para siempre el olfato, en especial el olfato político, pues al parecer en las últimas semanas no olió que su influencia estaba menguando.

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La primera señal fue cuando su defensor de Palacio Nacional no salió con la vehemencia acostumbrada a justificarlo cuando dio a entender que los padres de los niños con cáncer, que reclaman por el desabasto de medicamentos oncológicos para sus hijos, podrían ser parte de un movimiento golpista alentado por la derecha internacional para derrocar al gobierno de la Cuarta Transformación.

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El presidente López Obrador, como buen cristiano que es, salió a decir que los padres tienen todo el derecho a protestar y aunque aseguró por millonésima vez que no hay desabasto de medicamentos, no le siguió la corriente al doctor Hugo.

Después, el Presidente habló de sus corcholatas para la sucesión de 2024, y en esa lista de presidenciables colocó a dos de los más señalados enemigos de Hugo: Claudia Sheinbaum y Marcelo Ebrard. La lista siguió y siguió, pasó la primera división, la segunda, la tercera y el nombre de Hugo nunca apareció.

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Con esas señales y esos datos –aunque siempre hay otros datos- Hugo se metió con Sansón a los semáforos y perdió. Antes ya había tenido algunas escaramuzas con Claudia Sheinbaum y siempre salió raspado, pero esta vez quedó noqueado.

Don Hugo decretó que en la capital del país el semáforo epidemiológico por la pandemia estaba en color rojo, es decir, con las máximas restricciones, mientras que Sheinbaum ordenó que se quedara en color naranja.

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Cuándo al Presidente le preguntaron sobre esa diferencia, él señaló que no había ninguna diferencia ni confusión, que el semáforo, como lo dijo Sheinbaum, estaba en color naranja. Tenga para que aprenda, diría un conspicuo personaje de la política nacional.

Pero Hugo, que presume de sabérselas todas, no solo ignoró las señales previas que le anunciaban su caída, sino que tampoco vio venir que el líder máximo está realizando una purga de quienes fueron sus consentidos.

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Primero, fue la zarina anticorrupción y terrateniente Irma Eréndira Sandoval, quien a pesar de que llenó las cárceles de funcionarios corruptos fue cesada. Al igual que Hugo, en algún momento se sintió presidenciable. Su borrachera de poder la llevó incluso a desobedecer las órdenes del propio presidente López Obrador y tratar de imponer a su hermano como candidato a gobernador de Guerrero.

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Sandoval no solo ignoró el deseo del líder de la 4T, que sabe lo que el pueblo necesita, sino que truncó la carrera de un gran hombre y político de avanzada, Félix Salgado Macedonio y  privó al estado de Guerrero de convertirse en un santuario de igualdad, seguridad y respeto hacia las mujeres, como era el plan del Presidente cuando impulsó la candidatura del “Toro” Salgado a la gubernatura del estado.

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Tampoco se le ocurrió a Hugo que había una purga cuando vio caer la cabeza de uno de los hombres más cercanos al Presidente, Gabriel García Hernández, el hoy exencargado de los programas sociales de la 4T y quien tenía bajo su mando al ejército de Servidores de la Nación que van por todo el país repartiendo dinero y apoyos.

Pese a ser muy cercano al Presidente, luego del descalabro electoral de junio pasado el mandatario lo echó del puesto a García Hernández. Él no solo no supo capitalizar esos apoyos solidarios y desinteresados que el gobierno de la transformación entrega a los más necesitados del país, sino que además acumuló demasiado poder, pues hasta imponía candidatos y ese palacio es muy chico para dos poderosos.

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Todas estas señales no las vio López-Gatell y muy confiado se metió en una pelea con la corcholata equivocada. Y todo indica que Hugo se encontró con la corcholata premiada. Así es la vida y la política…

ME CANSO GANSO.- Seguimos esperando abrazos

Y mientras el Presidente se divertía dedicando a la prensa la canción de Juan Gabriel “Déjame vivir”, el crimen organizado, que no entiende eso de los abrazos, amenazaba de muerte a periodistas y medios de comunicación. Los delincuentes, al parecer, no han entendido la filosofía de la Cuarta Transformación o quizá repiten la estrategia de Palacio Nacional.
 

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