Herrera no es agachón, es disciplinado

Arlequín

Pocos, muy pocos como él. Un verdadero hijo de la Cuarta Transformación, un servidor leal a toda prueba, así es él. Desde luego que hablamos del sufrido secretario de Hacienda, Arturo Herrera, quien no estaba contemplado por el Presidente para hacerse cargo de esta importante cartera, pero que de manera improvisada llegó  al puesto, y a fuerza de disciplina y abnegación, y de ser tratado con mano dura y firme, se está convirtiendo en el modelo ideal de miembro del gabinete de la autollamada 4T.

Herrera es un hombre que nunca se queja, muy aguantador, y pese a que sus ideas y propuestas muchas veces no duran más de 24 horas antes de que el Presidente las desmienta o las critique, por su cabeza nunca pasa la posibilidad de abandonar el barco. Eso es para los débiles, para aquellos que ilusamente creen que saben más de finanzas públicas que el propio Presidente, para aquellos que no creen que AMLO es el máximo experto en todos los temas.

Otros resisten los golpes de los adversarios de la 4T, pero Herrera, sin chillar, aguanta los del propio padre de la Cuarta Transformación, quien lo desmiente, lo critica y lo regaña en público. Pero él sabe que es por su bien, sabe que esos maltratos le duelen más al Presidente que a él, pero que son necesarios para que se convierta en un buen secretario de Hacienda, digno de este gobierno revolucionario, y que un día no muy lejano lo llevarán a cumplir su más caro sueño: ser gobernador de Banco de México.

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Desde luego que sus detractores le dicen agachón, genuflexo, tibio, florero, y que tiene poca autoestima y nula dignidad, pero es obvio que esas opiniones vienen de los neoliberales, de los conservadores, de aquellos que  no quieren que el país cambie, de aquellos que están perdiendo sus privilegios. Pero para las fuerzas transformadoras, para los revolucionarios, Herrera en el ejemplo más acabado de lo que debe ser un funcionario del gabinete de la 4T.

Que diferencia del anterior secretario Carlos Urzúa, quien intentó saber más de políticas económicas que el Presidente, y no contento con cometer ese sacrilegio, tuvo la osadía de escribir una escandalosa carta de renuncia.

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“Discrepancias en materia económica hubo muchas. Algunas de ellas porque en esta administración se han tomado decisiones de política pública sin el suficiente sustento. Estoy convencido de que toda política económica debe realizarse con base en evidencia, cuidando los diversos efectos que esta pueda tener y libre de todo extremismo, sea este de derecha o izquierda. Sin embargo, durante mi gestión las convicciones anteriores no encontraron eco.

“Aunado a ello, me resultó inaceptable la imposición de funcionarios que no tienen conocimiento de la Hacienda Pública. Esto fue motivado por personajes influyentes del actual gobierno con un patente conflicto de interés”, escribió Urzúa en su carta. Vaya insolencia, pues quién se creyó este señor, ¿el secretario de Hacienda?

Los que lo conocen aseguran que Arturo Herrera jamás tendría el atrevimiento de cuestionar las políticas económicas del Presidente, y mucho menos, pensar que él sabe más de temas económicos y financieros que el líder máximo de la actual revolución.

Al contrario, ha dado muestras de que cuando viene la cachetada, pone la otra mejilla, en vez de escribir cartitas fifís de renuncia.

Herrera jamás sería como un Germán Martínez o un Porfirio Muñoz Ledo, quienes muerden la mano del que los incluyó en la Cuarta Transformación. Ambos deberían estar avergonzados de no apoyar al 100 por ciento al Presidente, de criticar algunas de sus acciones y de no estar siempre de acuerdo con las ideas del partido en el poder. Un Porfirio y un Germán, no hacen, ni siquiera, medio Arturo.

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Y qué me dice de otros funcionarios que tampoco han sabido estar a la altura de la Cuarta Transformación, como la  hoy ex titular de la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas, Mara Gómez, que solo porque le redujeron 75% su presupuesto se quejó y renunció, ¡qué delicadita! O como la titular del  Consejo Nacional Para Prevenir la Discriminación, Mónica Maccise, quien al primer regaño y descalificación del Presidente presentó su renuncia, ¡que piel tan delgadita!

Pero el más reciente caso, el de la renuncia del Secretario de Comunicaciones y Transportes, Javier Jiménez Espriú, es el que más engrandece de la figura del leal Herrera. Aunque don Javier se debió de haber ido por  las decenas de pifias que cometió, o por haber estado ausente de la agenda nacional por meses, resulta que, muy digno el señor, renunció luego de que el Presidente le quitó a su dependencia a la operación de los puertos de la marina mercante para dársela a las Fuerzas Armadas. Pues que no sabe el hoy exsecretario que el Presidente puede dar y quitar a las secretarías las obligaciones que le vengan en gana. ¿Qué quería el señor Jiménez Espriú?  ¿Acaso que el Presidente le pidiera su opinión?  ¿Que el Presidente le avisara antes de hacer el anuncio?

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La revolución no puede esperar a memorándums, ni tener contemplaciones, se cambia lo que se tenga que cambiar y se regaña a quien se tenga que regañar, ¡faltaba más! Pero esto, parece que el único que lo entiende en el gabinete es el secretario de Hacienda. Así es que querida lectora, querido lector, no se confunda: el secretario Herrera no es agachón, es disciplinado.

ME CANSO GANSO.- EL PERRO DE LA TÍA CLETA: 

En algunos gobiernos hay funcionarios que son como el perro de la tía Cleta, aquél que el día que ladró le rompieron la jeta. No piense mal, usted seguro cree que nos referimos a  algunos miembros y ex miembros del gabinete presidencial de la autollamada Cuarta Transformación, pero no, para nada. No sea venenoso. Se trata del gobierno de Estados Unidos, donde el presidente Donald Trump ha corrido a media docena de secretarios y altos funcionarios, entre ellos: al secretario de Defensa, al canciller, al secretario del Trabajo, al procurador, a dos secretarios de Seguridad Nacional y al jefe de gabinete de la Casa Blanca. Y cada vez que uno de ellos ha salido del gobierno, Trump les ha caído a palos. ¿O usted en quiénes estaba pensando?

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