El pecado y la traición de la señora Vilchis

Arlequín

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Nación 05/08/2022 00:00 Actualizada 02:46
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Que decepción tan grande cuando una deslealtad viene de una heroína de la transformación como lo es Elizabeth García Vilchis.

Liz, como le dicen sus amigos -si es que le queda alguno luego de la alta traición- a la encargada de velar y resguardar la verdad de la Cuarta Transformación, después de que el pasado fin de semana fue atrapada in fraganti mientras se metía, a la brava, a la fila de la votaciones para el congreso de Morena. En unos cuantos minutos, ella traicionó a la causa y, peor, a la patria ¡Qué dolor!
 

Más allá de incurrir en un acto de influyentismo, que podría ser considerado por la 4T como un pecado venial, Liz cometió uno de los tres nuevos pecados capitales: el de la traición, los otros dos son el robo y la mentira.

¿Por qué la traición a la patria?

Le explico: el sábado pasado, la señorita Vilchis fue a una de las mesas electorales ataviada con una bolsa de diseñador, lo que viola los votos de austeridad exigidos por la 4T y desobedece flagrantemente el mandamiento de entrar en la pobreza franciscana. Sin embargo, el solo hecho de llevar una bolsa fifí, sería, cuando mucho, un pecado de aspiracionismo, pues el costo del accesorio tampoco es tan alto -con un par de meses de pensión un adulto mayor podría comprarse un accesorio de esa naturaleza-, pero esta falta de juicio podría ser considerada como una traición al movimiento cuatroteista. Lo que sí es grave, que digo grave, gravísimo, es que la dichosa bolsa sea ¡española!, y que la compró sabiendo que España aún no nos ha pedido perdón por la invasión a México ocurrida hace cinco siglos.

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Que Liz use bolsa de diseñador, vaya y pase, que se meta a la mala en la fila, vaya y pase. Pero, darles dinero a los conquistadores, a los invasores españoles, eso sí que no se vale, eso es una descarada traición a la patria.

¿500 años de historia no han sido suficientes para mitigar los impulsos consumistas y el amor por el lujo barato de Liz? Que pena que una de las estrellas más fulgurantes del momento estelar que está viviendo la historia de México haya sido seducida por las diabólicas fantocherías de la clase media, que, enfermizamente, aspira a tener ese tipo de lujos, porque, no lo dude, son lujos.

De que le han servido a Liz todas esas horas sentada en la mañanera escuchando la prédica del líder supremo de la Cuarta Transformación. 

“Se deben acabar por completo los lujos, no puede haber gobierno rico con pueblo pobre, es que se mal acostumbraron, se les olvidó que somos servidores públicos, para qué se meten al servicio público si lo que quieren es hacer dinero o tener de más.

"¿Qué no da pena? ¿Qué no se puede ser austero? ¿Qué no el poder es humildad? Pero si andan con esas ínfulas de superioridad y de fantochería, y quieren comer en restaurantes caros y tomar vinos de importación y vivir muy por encima de cómo vive la gente, pues que no opten por el servicio público. Como decía el poeta, nadie tiene derecho a lo superfluo mientras existan seres humanos que carecen hasta de lo más indispensable, eso es parafraseando a Díaz Mirón”, aleccionó hace unos días el presidente López Obrador en una de sus homilías matutinas.

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Pero a Liz, como diría la abuela de este Arlequín, le entró por un oído y le salió por el otro, el decreto del Presidente.

La traición de Liz tizna y mancha al propio líder máximo de la Cuarta Transformación, quien confiado en la bondad de las personas y en el compromiso con la causa revolucionaria ha defendido a García Vilchis de los ataques de los adversarios. “La señorita no sabrá leer, pero la señorita no dice mentiras”, dijo en una ocasión el presidente más feminista que México ha tenido, luego de que alguien criticó a la señora Liz.

Pero al presidente López Obrador nunca le pudo haber pasado por la mente, que ella iba a traicionar a la patria beneficiando económicamente a los invasores extranjeros, a los que vienen a saquear nuestros tesoros. 

¿Qué sigue Liz? ¿Qué le compres un iPhone a los gringos que quieren violar nuestra soberanía y vienen por nuestra electricidad, nuestro petróleo, nuestro litio y que financian la contratransformación?

Hoy es Bimba y Lola. ¿Qué será mañana? ¿Louis Vuitton, Hermès? ¿Hasta dónde piensas llevar tu aspiracionismo Liz?
Hoy le compras bolsas a los españoles ¿Mañana vas a trabajar para ellos, como lo han hecho exfuncionarios del periodo neoliberal? ¿Vas a acabar como vocera de Iberdrola, con acento español?

Esta preocupación por el acto de traición a la patria de Liz no es cosa menor, el pecado y el diablo de la tentación acechan siempre. Esto no es mentira ni exageración, el demonio puede tener forma de bolsa de diseñador. 

¡Ave María Purísima!

ME CANSO GASO.- Adán Augusto, Mario Almada o “El Cochiloco”

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¿Usted en quién de ellos confía? -No solo el músico Chico Che ilumina a los miembros de este gobierno, también hay diálogos que parecen inspirados del cine mexicano. ¿Qué le parecen estos?

“Mire mi querido Cochi, le voy a dar un buen consejo como amigo: confiar es bueno, pero no confiar es mejor”. Diálogo entre “El Texano” (Mario Almada) y “El Cochiloco” (Joaquín Cosío) en la película “El Infierno” de Luis Estrada (2010)

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- A ver señora ¿usted confía en mí? 

-La verdad, yo no confío en nadie 

-Pues yo tampoco confío en usted. Diálogo entre el secretario de Gobernación y corcholata presidencial, Adán Augusto López, y la madre de una mujer desaparecida (2022).

ME CANSO GANSO II. - Liz, no estás sola

 
Con justicia, alguien podría decir que por comprar una bolsita española se llama traidora a la patria a Liz, mientras que hay otros miembros de la Cuarta Transformación que tienen casas en el extranjero y que poseen algo más de lo indispensable, sin que nadie les diga algo. Solo basta recordar que en la 4T hay quienes usan Rolex y otros relojes de miles de dólares, y que en lugar de Jetta usan camionetas de lujo, o que gastan su dinero haciendo turismo en el país de los invasores. Sus casas, sus autos, sus modos de vida, para nada de ajustan a la pobreza franciscana. Liz, no estás sola, no -estás- sola, no -estás- sola. Liz aguanta, el pueblo se levanta…

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