El dinero, decía el líder máximo de la Cuarta Transformación, “es el papá y la mamá del diablo”. Cuanta razón tenía el sabio Andrés Manuel López Obrador.
El dinero, el cochino dinero, va a ocasionar que la democracia mexicana no dé un paso hacia adelante, y está poniendo en riesgo la aprobación de la reforma electoral de la Presidenta.
Que lo opositores se nieguen a la transformación, eso no sería novedad. La trágica realidad es que esta vez los contrarrevolucionarios son los aliados: el Partido Verde y el Partido del Trabajo, quienes juraron amor eterno y lealtad a Morena y a los principios de la Cuarta Transformación, y hoy, al negar su apoyo a la reforma de la Presidenta, se están poniendo al nivel de los conservadores y los neoliberales y demostrando que son unos “ambiciosos vulgares, como el mismo AMLO” calificaba a los amantes del dinero y el “lujo barato”.
Vaya decepción, la Cuarta Transformaicón siempre creyó que al Partido Verde y al PT no los movía el interés económico, sino el amor por México, la defensa del medio ambiente y otras nobles causas, pero ahora, tristemente, se aferran al dinero y se niegan a que les sen recortados los recursos públicos que reciben, y a perder el poder de decidir la lista de legisladores que ocupen un lugar en el Congreso, sin el engorroso trámite de pasar por las urnas, buscan proteger a los llamados legisladores plurinominales.
Del Partido Verde se ha dicho de todo: que ni es partido, ni es verde, pues algunos han considerado que funciona como una franquicia que se vende al mejor postor; que va de derecha a izquierda, y lo mismo se hace aliado del PAN o del PRI que de Morena; que ha avalado leyes que van en contra de la agenda verde mundial. Sin embargo, la 4T, en su infinita bondad y confianza en la humanidad, realizó una alianza con el Partido Verde, que triunfó en las elecciones de 2024, y que llevó, por primera vez en la historia, a una mujer a la presidencia de la República.
Todo iba bien, la Cuarta Transformación marchaba con la misma rapidez y seguridad que el Tren Interoceánico, cuando vino la curva y el descarrilamiento. ¡El vulgar y sucio dinero se ha interpuesto entre Morena y el Verde! Esta hermosa relación -diría Donald Trump- se ha fracturado y todo por unos cientos de millones de pesos.

Cría tucanes, te sacarán los ojos, esa podría ser la moraleja de esta fábula política, en la que los simpáticos tucanes se convierten en horribles buitres.
Y si la traición de los verdes es dolorosa para la Cuarta Transformaicón, la del Partido del Trabajo, lo es todavía más.
Tanto la anterior administración, como la actual, no han dado crédito a las críticas contra su aliado y amigo Alberto Anaya, considerado por muchos como el dueño del PT. De Anaya se ha dicho que recibe millonarios subsidios federales para las guarderías que su esposa desinteresadamente dirige. Tan solo este año, el gobierno federal aprobó un presupuesto de 828 millones de pesos para las guarderías relacionadas con Anaya, y ahora dice que votará en contra de la reforma, pues los recursos para el partido son una cosa y los dineros para las guarderías son otra, aunque acaben en la misma bolsa.

Dónde quedó esa máxima de oro de la 4T que dice que “amor con amor se paga”. Tal parece que las verdaderas máximas del PT son: “con la cartera no”, o “no me salgan con que las listas no son las listas”.
En estos tiempos ya no se puede confiar en los aliados, ahora los satélites ya se creen planetas y las rémoras tiburones.
Cría tucanes y te negaran los votos.
ME CANSO GANSO. – Se hizo el “mencho”. – Durante seis años dijo que acabaría con el crimen con abrazos y no balazos. En ese periodo, el capo se hizo más poderoso. Se armó, compró autoridades políticas y policiales, y desafío el poder del Estado. Ahora, hubo balazos y el criminal está muerto. Queda claro que quien debió perseguirlo y capturarlo solo se estuvo haciendo el mencho.

