Al margen de la veracidad u objetividad de sus ideas, es un hecho que el marxismo y sus principales corrientes provenían de escuelas, centros de pensamiento y ámbitos académicos de gran calidad. Es decir, sus protagonistas se formaron en escuelas donde la odiada competencia, el demeritado mérito y el denostado esfuerzo personal eran las reglas. Y pese a estas –o precisamente gracias a ellas– sobresalieron.
De modo inobjetable Karl Marx fue un estudiante brillante y, con excepción de alguna época bohemia, absolutamente disciplinado, lo que lo hizo sobresalir en materias como derecho, historia y filosofía. Leía textos en griego y latín. A los 22 años se doctoró reflexionando sobre la Diferencia entre la filosofía de la naturaleza de Demócrito y Epicuro.
Friedrich Engels no terminó la universidad únicamente porque su padre, un próspero empresario textil, lo obligó a meterse a las empresas familiares, pero a su paso por el colegio todos los registros señalan que fue un alumno extraordinario y un políglota prodigioso.
Incluso Lenin, antes de inventar a la siniestra Checa y el Gulag, fue el estudiante perfecto del sistema escolar más conservador y formal: el elitista Gimnasio Clásico de Simbirsk. Obtuvo incluso una Medalla de Oro por su mérito escolar, misma que otorgaba el Imperio Ruso al mejor estudiante de su generación.
Rosa Luxemburgo, a pesar de la triple adversidad que representaba en la Polonia de su época ser mujer, judía y tener una discapacidad física (quedó coja a los cinco años), fue una talentosa estudiante en el prestigioso Gimnasio Femenino de Varsovia. Al no poder seguir estudios superiores en su país, ingresó a la Universidad de Zúrich, donde obtuvo, con honores magna cum laude, un doctorado en derecho y economía política.
El húngaro Georg Lukács, por su parte, no sólo fue un estudiante brillante sino que llegó a pertenecer a la élite intelectual y académica más distinguida de toda Europa, destacándose como filósofo y crítico literario. Gozaba incluso de la admiración de personalidades de la talla de Thomas Mann.
Desgraciadamente, los herederos de la tradición marxista en México (es un decir, claro, porque más bien vienen del PRI), ya muy disminuidos intelectualmente y muy degradados moral y políticamente, han seguido exactamente los pasos contrarios a la tradición escolar que formó a sus grandes pensadores.
Se entiende por qué el único Marx que han formado sus filas es Marx Arriaga; su único “hombre de libros” es Paco Taibo II (porque encima se creen dinastía); sus “cuadros intelectuales” son más reconocidos como bufones televisivos y sus musas en las artes y la cultura tienen como ejemplo a Jesusa Rodríguez y sus amigas ansiosas por convertir en cabaret la Casa del Poeta Ramón López Velarde.
Es evidente que la riqueza intelectual del marxismo es completamente ajena a la Nueva Escuela Mexicana y a la perspectiva sobre la educación universitaria que ha impulsado la izquierda morenista. Estoy convencido de que no tiene nada qué ver con la escuela ideal de Morena donde se prioriza la “solidaridad” por sobre la competencia académica, satanizando a esta última como un valor “neoliberal”.
Ningún proyecto progresista puede estar fincado en una escuela donde se impide por decreto que los alumnos sean reprobados, y donde el esfuerzo de los estudiantes más destacados queda anulado o minimizado por la mediocridad predominante (y anhelada por la CNTE y el propio secretario de Educación Pública, Mario Delgado, más familiarizado con temas como el huachicol que con la educación).
Ningún espíritu crítico puede surgir de una escuela donde las evaluaciones del nivel académico de maestros y estudiantes son consideradas “punitivas”, argumentando que no consideran “el contexto sociocultural diverso del país”.
No me extraña, pues, que la presidente Sheinbaum crea que los neoliberales decidieron “hacer muy difíciles los exámenes [de medicina] para que no pasaran” los médicos, y que ellos en cambio están “formando más del doble de médicos especialistas”. Ya puedo imaginarme con qué laxitud lo están consiguiendo, al fin y al cabo el tema al que impacta (la salud) es tan irrelevante para ellos como la misma educación.
Y así va la izquierda que nos gobierna, para deshonra de sus pilares teóricos, “haciendo historia” bajo los estándares del adoctrinamiento más vulgar y la más absoluta mediocridad.
@ArielGonzlez
FB: Ariel González Jiménez
Únete a nuestro canal ¡EL UNIVERSAL ya está en Whatsapp!, desde tu dispositivo móvil entérate de las noticias más relevantes del día, artículos de opinión, entretenimiento, tendencias y más.

