Ruth Bader Ginsburg: la conciencia nacional por la equidad

Antonio Rosas-Landa

Chicago, Illinois. – El presidente Abraham Lincoln delineó aspectos fundacionales de Estados Unidos en su discurso de Gettysburg. En medio de la guerra civil, Lincoln arengó esta idea: “Nuestros padres (fundadores) dieron luz, en este continente, a una nueva nación, concebida en la libertad y dedicada a la idea de que todos los hombres fueron creados iguales”.

Este objetivo sigue siendo un pendiente en Estados Unidos. La discriminación racial da un trato diferenciado a grupos étnicos, por ejemplo, al interactuar con los agentes del orden.

Los blancos reciben tolerancia de los policías, mientras que los afroamericanos y latinos son acosados, asesinados o agredidos como ocurrió recientemente en Minneapolis, Minnesota y Kenosha, Wisconsin.

Los residentes de Estados Unidos tampoco tenemos las mismas oportunidades para generar riqueza. Por ejemplo, las minorías sufren de prácticas abusivas al comprar una propiedad. Los afroamericanos e inmigrantes reciben tasas de interés más altas al contratar hipotecas inmobiliarias que la mayoría anglosajona, encareciendo el costo del dinero y dificultando sus posibilidades de amasar riqueza.

La otra gran injusticia es la de género. Según el Centro de Investigación Pew, las mujeres ganan 85 centavos por cada dólar de lo que ingresan los hombres en el mercado laboral. Pero la cosa empeora cuando se contrastan los ingresos por grupo ético: las mujeres afroamericanas ganan el 65%, y las latinas el 58%, de los salarios de los blancos.

Sin equidad al acceder a oportunidades de educación, entrenamiento laboral, o ingresos, se perpetúa la desigualdad histórica que afecta a minorías y mujeres, y se preserva dar la mayor tajada del pastel, sin merecerlo, a los hombres blancos.

Por ello, es lamentable la muerte de la magistrada de la Suprema Corte, Ruth Bader Ginsburg, quien fue la segunda mujer en ascender a la máxima tribuna judicial, un ícono liberal y una luchadora contra la discriminación de género. Su batalla por la equidad tuvo triunfos, pero aún en las derrotas plasmó opiniones disidentes que dieron voz a la conciencia nacional.

Su talento como jurista fue reconocido por liberales y conservadores, mientras que su visión era simple y pragmática: “Siempre se ha aspirado a que las niñas tengan la misma oportunidad que los niños para soñar, de hacer lo que deseen con los talentos que Dios les otorgó. No debe existir un lugar en el que no se les dé la bienvenida a las mujeres… De eso se trata: las mujeres y los hombres, trabajando juntos, contribuyendo para hacer de la sociedad un mejor sitio de lo que es hoy”.

Bien entrados en el siglo XXI, es bizantino discutir el acceso equitativo a oportunidades o ser tratado con igualdad ante las leyes. Lamentablemente, esa conversación es necesaria pues hemos sido incapaces de superar el tema en el que el género o a el grupo étnico de alguien determina cuánto se vale en la sociedad.

Ya que no soy un liberal de cepa, no comparto todas las opiniones y la jurisprudencia de la magistrada Ginsburg. Sin embargo, su determinación para lograr la equidad me parece nada menos que admirable.

El presidente Lincoln soñó con una nación donde los hombres fueran tratados con igualdad ante la ley, y por eso abolió la esclavitud. La magistrada Ginsburg ocupa un lugar en el club de estadounidenses que han construido un país con oportunidad para todos. La mejor forma de honrar su memoria es lograr sociedades que determinen el avance de los individuos con base sólo en sus determinación, trabajo y disciplina. 

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