Toda mujer está dotada de cualidades y capacidades únicas que nos permiten distinguirnos y desarrollarnos hasta alcanzar todas las metas que nos fijamos.

No obstante, ninguna tiene una guía para convertirse en mamá, aunque, llegado el momento, siempre encontramos la fuerza y sabiduría necesarias para salir adelante del mayor reto de nuestras vidas.

Ser mamá y entregarse en cuerpo y alma a los hijos es una decisión que cada mujer debe asumir; sin embargo, como sabemos, décadas atrás no había elección. Afortunadamente, los tiempos cambiaron y ahora tenemos la oportunidad de elegir entre ser madre o el camino profesional, pero también existe una tercera opción a partir de la combinación de ambas facetas.

El poder de la elección constituye un derecho fundamental, aunque, lamentablemente, también existe otra realidad, porque existen millones de mujeres sin la posibilidad de tomar otro rumbo.

Por mucho tiempo creímos que la posibilidad de elegir implicaba tomar una opción a costa de la otra, pero era un completo error. Ser mamá es un impulso natural y un anhelo legítimo, al igual que convertirse en una profesional exitosa es un derecho ganado a pulso.

Cruzar el umbral de convertirse en mamá al tiempo que se trabaja es complicado, pero no debe representar un obstáculo. ¡Por supuesto que se puede cuidar a los hijos y alcanzar el éxito profesional al mismo tiempo!

Como una empresaria y mujer comprometida tanto con el cierre de la brecha de género como con el empoderamiento femenino, puedo manifestar que es posible recibir la maternidad envuelta en una sólida carrera profesional. No es fácil, pero, en definitiva, nuestro amor propio y a nuestros hijos puede anteponerse a cualquier adversidad y sacarnos adelante.

En medio de este contexto, encontré que la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) reveló que la participación económica femenina aumentó en la región desde los años 80, principalmente entre las mujeres de 25 a 34 años y de 35 a 44 años, lo que nos demuestra esa insistente necesidad de romper paradigmas y establecer nuevas condiciones de vida.

Y, por si esto no fuera poco, desde el año pasado debemos sumar el factor de la pandemia. Con la llegada del Covid-19 y el cambio en los esquemas laborales, un estudio en Estados Unidos, de la consultora McKinsey y la Fundación Lean In, demostró que una de cuatro madres que trabajan pensó en reducir su jornada laboral e incluso dejar su empleo. En tanto, aquí en el país, la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) reveló que las mujeres incrementaron el tiempo que destinan al hogar y a sus hijos, pasando de entre dos y cinco horas diarias, a siete horas.

Como podemos darnos cuenta, al final son números y datos fríos, pero si se traducen en sentimientos, sólo reflejan el gran amor y dedicación que como mamás ofrecemos las mujeres hacia nuestros hijos, porque nunca son suficientes el amor, los cuidados y las enseñanzas.

Para mí, mis hijas Valentina y Mariaignacia representan mi máximo orgullo, un milagro que me cambió por completo: me reconstruí como mujer y como profesional, al tiempo que descubrí una fuerza en mí que no sabía que existía.

Entendí que lo primordial era encontrar espacio y tiempo. Y se lo digo a todas las mujeres que viven en la disyuntiva de inclinarse por continuar su camino profesional o dedicarse de lleno a sus hijos: ¡Es posible encontrar un balance y, además, tener éxito en ambos rubros!

Empresaria, inversionista de impacto y defensora de los derechos de la mujer.

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