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Inclusión, prioritaria en la nueva normalidad

Angélica Fuentes

¿Quiénes llevarán el mando de la historia en estos complejos tiempos? En el mundo, sólo 10% de los países tienen gobiernos encabezados por mujeres. En las empresas, si bien las mujeres hemos avanzado para alcanzar posiciones de liderazgo, la pandemia representa una seria amenaza a estos avances.

La realidad es que conviene a todos que las mujeres sigamos participando de los procesos gubernamentales y empresariales, porque está comprobado que su liderazgo resulta exitoso ante la adversidad.

El liderazgo masculino se ha visto claramente rebasado en algunos casos durante esta crisis mundial. Las superpotencias mundiales que siempre mantuvieron un liderazgo agresivo, hoy se ven sobrepasadas por este enemigo silencioso al que no pueden dispararle y al que no pueden meter en prisión.

Países como Estados Unidos, China o Inglaterra intentaron que sus economías siguieran como siempre, con una política de seguir adelante con mano firme, y fracasaron. En cambio, la pandemia ha puesto al frente historias de éxito de liderazgo femenino. Nueva Zelanda fue de las primeras naciones en contener el virus y hoy ya está casi eliminado. Taiwán lidera con estrategias de testeo masivos y prevención, y ahora envía suministros y tecnología alrededor del mundo. Alemania pudo calcular con exactitud la curva de contagios ideal y sirve de ejemplo para todos los países de Europa.

El mundo está entendiendo los beneficios de este tipo de liderazgo, uno empático, basado en la capacidad de escuchar, en la reflexión, la adaptabilidad y la integración de múltiples perspectivas antes de tomar una decisión.

No necesita imponerse para probar que está en lo correcto. Es el liderazgo que caracteriza a las mujeres, tanto en un gobierno como en una compañía, o incluso dentro de su familia, y es uno que como sociedad hemos menospreciado durante siglos. Esto se ha puesto a prueba durante esta crisis en los estilos de comunicación claros y decisivos adoptados por varias mujeres líderes, ya sea la primera ministra de Noruega, Erna Solberg, hablando directamente a los niños, o Jacinda Ardern, de Nueva Zelanda, comunicándose con sus ciudadanos a través de Facebook.

La llamada “nueva normalidad” nos presenta grandes interrogantes de cara al futuro. La manera como respondamos a la adversidad y complejidad del momento será decisiva para construir un mañana de prosperidad y equilibrio.

Ser mujer sigue siendo, en muchas ocasiones, una desventaja. Aún hay un sinfín de situaciones en las que la brecha de género se hace presente y la pandemia agravó esta situación. Un nuevo informe de McKinsey & Company encontró que las mujeres en todo el mundo tienen 1.8 veces más probabilidades de perder sus empleos que los hombres debido al Covid-19 y sus efectos económicos. Miles de carreras de mujeres profesionistas se han truncado por la necesidad de cuidar a los hijos y ser también educadoras.

Se deben encontrar respuestas inteligentes que permitan continuar avanzando en la participación de las mujeres en el ámbito profesional.

La nueva normalidad está en proceso de construcción y es indispensable tomar en cuenta el enfoque de género. Las mujeres debemos seguir siendo partícipes en la construcción del futuro, porque el mundo necesita equilibrio y eso se logra de manera conjunta: hombres y mujeres con un mismo objetivo.

*Empresaria, inversionista de impacto y defensora delos derechos de la mujer

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