Victoria alada

Ángel Gilberto Adame

El primer intento de erigir un túmulo que representara la victoria de los criollos sobre los peninsulares fue idea de Antonio López de Santa Anna, pero no se concretó

La palabra monumento proviene de la raíz latina monumentum, que significa “recuerdo”. Los pocos pasos y muchos tropiezos de nuestra historia están materializados en distintos monolitos, y de entre ellos, quizás el más representativo es la Columna de la Independencia, cuyo epíteto, El Ángel, nos infunde identidad nacional. 

El primer intento de erigir un túmulo que representara la victoria de los criollos sobre los peninsulares fue idea de Antonio López de Santa Anna, pero no se concretó. En el porfiriato se rescató aquel proyecto, pero revestido del aire francés que campeaba en la época. Así, a principios del siglo XX, Porfirio Díaz designó a Antonio Rivas Mercado para ejecutar la magna obra que coronaría el centenario del inicio del proceso independentista. 

Aunque el seleccionado ya tenía renombre en aquellos años, pues en su currículo destacaba el Teatro Juárez en Guanajuato, su nombramiento, sin previa licitación, provocó críticas. Por temor a la dictadura, el descontento se manifestó a través de anónimos que descalificaban el diseño y la falta de transparencia en la asignación de obras públicas. Otros aseguraban que la victoria alada, una de las esculturas encargadas al artista Enrique Alciati, era una imitación de “un conocido monumento europeo”. Lo que sí es cierto es que Rivas Mercado viajó constantemente por Europa para inspirarse.

A pesar de la diatriba, los trabajos continuaron, aunque las quejas llegaron a tal punto que, el 1 de junio de 1901, Rivas Mercado publicó una carta donde exigía a sus maledicentes que dieran datos claros sobre el supuesto plagio. También respondió sobre la falta de concursos: “Estoy de acuerdo en que el mejor camino para evitar fracasos en la construcción de edificios públicos, como ya ha sucedido, es el de convocar concursos; pero con la indispensable condición de que los jurados que deban hacer la calificación sean arquitectos competentes”.

El 2 de enero de 1902, la primera piedra fue colocada por Díaz en un evento de bombo y platillo. También se depositó un cofre con monedas mexicanas y algunas de América del Sur, entre ellas una de Perú; éstas fueron un regalo del embajador Manuel Álvarez Calderón, quien asistió a la ceremonia.

En toda esa década fue común que se difundieran noticias sobre la edificación: “Se han recibido en la Aduana 35 blocks de granito importado de Italia y que se destinan al Monumento a la Independencia Nacional”, “Han llegado a Veracruz dos bronces artísticos (…) que representan un león y un genio”.

El basamento se desplomó en 1907, por lo que se tuvo que desarmar y rehacer la cimentación, lo que implicó un gasto de más de medio millón de pesos y derivó en un segundo acto para colocar la primera piedra el 2 de abril de 1909. Finalmente, la columna se inauguró el 16 de septiembre de 1910. En la ceremonia, Rivas Mercado ofreció una alocución; el subsecretario de Gobernación, Miguel Macedo, pronunció el discurso oficial: “Tenga el pueblo fe en sí mismo, sepa conservar los bienes que el pasado le dio en sagrada herencia; camine siempre con la mirada puesta en la libertad y la victoria no cesará jamás de coronar su esfuerzo”. El poeta Salvador Díaz Mirón ensalzó a los héroes y Díaz inauguró solemnemente la columna. “A continuación, el señor Presidente, poniéndose de pie y siendo imitado en esa actitud por todos los invitados a la ceremonia, declaró quedar solemnemente inaugurado el Monumento a la Independencia”.

Desde ese momento, El Ángel contempló el Paseo de la Reforma, mientras en el país germinaba otra transformación. 

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