La historia del teléfono en México está ligada al primer telégrafo que llegó al país a mediados del siglo XIX, gracias a una demostración pública en el Palacio Nacional y el Colegio de Minería a cargo de Juan de la Granja —empresario, comerciante y diplomático de origen español—. Así, Mariano Arista, presidente en turno, inauguró el 5 de noviembre de 1851 la primera línea telegráfica que enlazaba a la metrópoli con Nopalucan, Puebla. El objetivo principal de De la Granja era vincular a Veracruz con la capital; sin embargo, a falta de fondos, se logró el proyecto hasta 1852. Un año más tarde, el sistema “del interior” conectó al centro con las ciudades de Guadalajara y León.

El telégrafo no sólo se convirtió en un medio de comunicación que fortaleció nuestra economía, sino también sirvió a la política, pues dicho instrumento fue utilizado por conservadores y liberales en el intercambio de mensajes decisivos; por este medio Ignacio Zaragoza informó al ministro de Guerra sobre la victoria del 5 de mayo de 1862. Con la llegada de Maximiliano, las vías se conectaron con las de América y Europa. No obstante, en 1865, el emperador puso en regla el empleo de este, bajo la idea de que la regencia “es la única que puede construir redes telegráficas en el Imperio. Cuando lo considere conveniente, dará permiso a algún individuo de la compañía para que lo haga”. Tiempo después, bajo la presidencia de Benito Juárez, se tomó el control del sistema “del interior” convirtiéndose así en el servicio de telégrafos nacionales, llamado “Líneas telegráficas del Supremo Gobierno”.

Para 1876, Alexander Graham Bell —científico escocés— ya difundía la maravilla de las conexiones: el teléfono. Las primeras pruebas, como lo señalaron los redactores de El Siglo XIX, fueron entre Salem y Boston. La innovación no tardó mucho en llegar a México. La empresa “Bell Telephone Company” y Joaquín de la Cantolla y Rico —telegrafista mexicano y aeronauta pionero— fueron los principales impulsores para traer este artefacto.

Ángel Gilberto Adame
Ángel Gilberto Adame

El primer enlace telefónico fue toda una novedad, la clave fue la intervención del general Vicente Riva Palacio, quien en ese momento era el secretario de Fomento, pues facilitó los canales del telégrafo en nombre “de los conocimientos humanos o mejoras materiales del país”. El experimento se efectuó el 13 de marzo de 1878 entre las oficinas de correos de la capital y Tlalpan. El suceso comenzó a las 11 en punto y duró aproximadamente una hora y fue dirigido por Alfredo Westrup.

En diversos periódicos se daba noticia del invento que permitía la conexión simultánea. El Monitor Republicano publicó, en abril del mismo año, el uso del mecanismo: “El aparato es demasiado sencillo; comunicados con el alambre del telégrafo, algunos hilos forrados de seda verde van a dar a una caja acústica con dos timbres de plata, y en seguida se atan a una trompetilla que se fija en el oído para escuchar la voz”. Emblemáticamente, el día 16 de septiembre se instaló una conexión telefónica en el Castillo de Chapultepec para Porfirio Díaz.

Al principio, el teléfono usaba la estructura del telégrafo, pues contaban con una red bastante amplia. Para finales de la centuria, el teléfono se limitó, nuevamente, al servicio exclusivo del gobierno, la élite, las empresas y los científicos que se interconectaban solamente en las zonas más urbanizadas de la metrópoli. Desde ese entonces, comenzaba a vislumbrarse que el telégrafo sería reemplazado por la invención de Graham Bell.

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