Ciudad de lenta vida

Ángel Gilberto Adame

La Gazeta de México fue una de las primeras publicaciones periódicas impresas en la Nueva España. El folleto tenía propósitos varios, de interés general y comercial, en un principio se pretendía como un canal de información entre la península y su colonia. Como toda obra nacida de la Ilustración, las notas intentaban ser un modelo para el bien actuar de los lectores. Fue un diario longevo y de éxito. Comenzó a editarse en 1722, aunque de manera interrumpida y su último periodo abarca de 1784 a 1810, en esta etapa el editor fue Manuel Antonio Valdés y Munguía. Cada número estaba religiosamente dedicada al virrey en turno.

Sorprende que los sucesos de la Nueva España no estén tan lejanos de los que hoy padece la “cada día más inmensa” Ciudad de México. Así hace 234 años, en la edición del martes 27 de junio de 1776, en el corazón de la Nueva España, en vez de lamentarse por las fuertes tormentas de la temporada, se celebraban las lluvias y las buenas cosechas que éstas significaban: “Por toda esta Provincia y Obispados son casi diarios los aguaceros. Con esto los maíces de medio riego se han adelantado mucho, de suerte, que en agosto y septiembre (a más tardar) serán mucho más considerables las cosechas”. Los estragos torrenciales eran menores comparados con lo que representaba en siembra: “Sobreviró una furiosa manga de granizo (…) mató bastante ganado de todas las especies, pero gracias a la Misericordia de Dios, no hizo daño en las muchas y buenas milpas”. Incidentalmente se reportaba que a las dos y tres cuartos había ocurrido un sismo leve y de corta duración.

De Oaxaca llegaban constataciones de una serie de novenarios con motivo de las muertes que una peste, sin precisar cuál, había provocado en la región. Otros desastres fueron ocasionados por el fuego: un incendio en la Tienda mestiza a un costado del Convento de Santo Domingo fue motivo de emergencia, el detonante fue una devota vela que en el establecimiento halló “pronto pábulo en el algodón y otros efectos combustibles que allí se expedían”. Aunque se mitigaron las llamas, el techo se desplomó.

Se anunció la ejecución de tres reos por pena de fuego. Dos de ellos por haber cometido sodomía y el tercero por “incurrir en el crimen de bestialidad con una yegua, que igualmente fue quemada”. Se reportó la muerte en el patíbulo de dos ladrones, cuyas cabezas fueron expuestas en los sitios donde cometieron sus delitos.

En Guanajuato se anunció el alumbramiento de una niña que nació con el corazón de fuera, “se reconocía encima del estómago de cuatro dedos de largo por tres de ancho extendido de modo horizontal, de modo que su punta pegaba al ombligo (…). Mucho más se pudiera observar, a no haber habido resistencia de parte del padre de la niña. (…) Sólo vivió 24 horas”. En la otra cara de la moneda, se felicitaba a la mestiza Manuela Reyes, viuda, con motivo de su onomástico 115: “Conserva entera la vista, come cualquier alimento sin que le haga daño, y anda con bastante expedición sin necesitar de bastón ni otro auxilio”.

La sección de empleos, en vez de ofrecer oportunidades, comunicaba qué sedes habían sido ocupadas y por quiénes. También, en una especie de aviso de ocasión, ese día se dio a conocer la venta de un par de haciendas en las proximidades de Tacuba y se invitaba a una subasta pública.

En economía se informaba sobre la prosperidad del estanco del tabaco. También se enlistaban los productos que exportaba la Nueva España: plata labrada, curtiduría, ixtle, cacao, harina, chinguirito, copal, camarón, mercerías y pinturas. Asimismo se ofrecía un informe pormenorizado de las ganancias de dos años que debían ser enviadas a la Corona, la cantidad ascendía a 400 millones de pesos.

No faltaba a quien la suerte le sonriera y la Real Lotería también proclamaba a los ganadores: el premio mayor correspondió al número 655, vendido en la capital, dos más también pertenecían a la ciudad, dos eran de Veracruz, uno se vendió en Zacatecas, otro en Córdoba y uno más en Oaxaca.

Y algún roce entre particulares cerraba la crónica: “Para que el anónimo Autor de los papeles sobre la Quadratura del Círculo, ni se esté cansando en remitir sus demostraciones, ni haciendo al de esta erogar inútilmente los costos de los portes, se le previene, que sólo se tratará de su impresión si se conviene en costear un Suplemento, el que se repartirá gratis, como los demás a los suscriptores”.

Han pasado más de dos siglos de esta publicación y esta ciudad sigue siendo el reflejo de las palabras de Efraín Huerta: “Ciudad negra o colérica o mansa o cruel, /o fastidiosa nada más: sencillamente tibia”.

 

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