En Baja California conviven ciudadanos mexicanos con personas de más de 50 nacionalidades, que se han asentado ahí. Si la Ciudad de México tiene fama de ser una ciudad cosmopolita e internacional, lo cual merece, Tijuana, el núcleo urbano más importante de Baja California, no se queda atrás, ni tampoco el estado en su conjunto. Esta semana me tocó regresar a Tijuana, una ciudad donde viví por muchos años, después de un par de años de ni siquiera visitar por cuestiones de Covid, y fue sorprendente ver los cambios ahí en el tejido social.

Desde luego, Tijuana es una ciudad de paso para muchos extranjeros. Ahorita están llegando los ucranianos en gran número, de 500 a 800 al día (aunque bajaron las llegadas en Semana Santa), y hay toda una operación para recibirlos, hospedarlos en un albergue especial y canalizarlos a través del Instituto Nacional de Migración (INM) a las autoridades estadounidenses que los reciben en la frontera y les dan documentos para quedarse temporalmente en Estados Unidos.

Pero también siguen pasando centroamericanos y mexicanos, colombianos y cubanos y muchos otros grupos, que anhelan llegar a Estados Unidos, sea para protección o para mejores oportunidades económicas.

Pero no todos ven a Baja California como lugar de paso, sino que algunos se van quedando también. En nuestra visita a Tijuana, logramos recorrer restaurantes de origen haitiano, hondureño, salvadoreño y cubano, regados entre las taquerías, marisquerías y pizzerías tijuanenses. Cada uno de estos establecimientos representa una parte de la herencia —culinaria y humana— que han dejado las migraciones en Tijuana. Y desde luego, no faltan los lugares con sabor del otro lado de la frontera, ya que los estadounidenses también viven y conviven en grandes números en esta ciudad y a veces se quedan a vivir. Y los restaurantes chinos ya son de ley, sobre todo en la capital estatal Mexicali, donde se asentaron muchos chinos dos o tres generaciones atrás, tantos que se dice que la comida oficial de Baja California es la china.

Baja California se ha vuelto un estado de muchas tradiciones. Muchos han traído tradiciones de otros estados de la República, ya que la mayoría de personas tienen raíces familiares en otra parte de México. Entre ellos, hay muchos que representan tradiciones de los pueblos indígenas mexicanos, algunos nativos del estado y otros oriundos de otros estados como Oaxaca y Michoacán. Y finalmente, hay tradiciones de otros países que empiezan cada vez más a sentirse en el estado. Los más visibles son los haitianos y los estadounidenses, sin duda, pero hay un sinfín de otros, y los centroamericanos en especial son un elemento clave en el tejido social actual.

Y para entender Baja California, hay que entender la fluidez y flexibilidad del tejido social local, que permite que lleguen personas de todo el mundo, con sus culturas e ideas, para integrarse en esta sociedad plural y cosmopolita.

También hay una tradición de solidaridad en Baja California, que hace que cuando haya flujos grandes de migrantes, sean para quedarse o solo de paso, la gente invente formas de ayudar. Construyen albergues para hospedar a los recién llegados, donan comida a los comedores y aprenden a querer nuevas comidas, bailes y tradiciones.

Baja California no es menos mexicano por ser anfitrión de tantos migrantes, sino más bien muestra una mexicanidad particular basada en la acogida y la fusión de muchas culturas y tradiciones (mexicanas y extranjeras) que conviven en una sola comunidad grande, siempre cambiante, siempre dinámica.

Presidente del Instituto de Políticas Migratorias
@SeleeAndrew