Cuando Joe Biden era presidente de Estados Unidos, el caos en la frontera minó su credibilidad y ayudó a que se hundiera su aprobación popular. Ahora Donald Trump enfrenta lo mismo con el caos, no en la frontera, sino en las ciudades, provocado por su decisión de entrar a deportar migrantes indocumentados de forma agresiva y visible.

Si hay algo que no les gusta a los norteamericanos, es el caos. En una sociedad más o menos ordenada, se busca que el gobierno cuide las circunstancias que perturben el sentido de comodidad y tranquilidad. Así, la potencia de ambos escenarios que han afectado a dos gobiernos en turno, aun con políticas muy distintas hacia la migración.

Si bien la población en su mayoría apoyó a Trump en sus esfuerzos por deportar a los indocumentados al inicio de su gestión —política migratoria era el tema en que era mejor calificado, según las encuestas— se ha ido perdiendo vuelo muy rápido. Al inicio, la gran mayoría de arrestados y deportados tenían antecedentes penales, pero ahora menos de una tercera parte los tiene, y la mayoría son personas arraigas en la sociedad estadounidense. Se empieza a apreciar la discrepancia entre el propósito del esfuerzo gubernamental y sus consecuencias reales.

Pero además de esto, la muerte de dos ciudadanos estadounidenses a manos de agentes federales en pocos días —junto con las declaraciones del gobierno culpándolos de sus muertes, en contraste con lo que los conciudadanos podían apreciar en los videos que circulaban de los incidentes— terminó de hundir a la administración en la opinión pública.

Trump dio un viraje rápido cambiando el liderazgo de la campaña en Minneapolis y prometiendo investigar los dos incidentes. Es muy probable que este viraje no incluya una baja en la intensidad de las deportaciones, pero sí un cambio de los métodos de las agencias federales en buscar a los indocumentados y tratar de generar miedo en las ciudades que han sido blanco de estas campañas. Tom Homan, el asesor de la Casa Blanca, quien ahora toma las riendas de este esfuerzo, ha abogado por un proceso más profesional y menos conflictivo, y ahora tiene la oportunidad de mostrar cómo se puede hacer.

Según reportes periodísticos, hay asesores y cercanos al presidente Trump sugiriéndole que haga algo positivo en migración, quizás alguna medida de protección para los soñadores o un cambio en el sistema de migración legal. Probablemente eso sea un cambio de rumbo demasiado fuerte para que se dé en este momento, pero Trump ha dicho varias veces que quiere cambiar el sistema de visas que permite la legalización de algunos migrantes indocumentados especialmente productivos.

Lo más probable es que no prospere un cambio de esa magnitud en la política de esta administración en este momento, pero por lo menos Trump sabe que necesita recuperar la confianza ciudadana y, sobre todo, de su base política en el tema migratorio, así que todo es posible.

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