De nuevo una declaración de Donald Trump pone a México en una posición complicada. Ayer, mientras recorría una fábrica de Ford en Michigan, el presidente estadounidense afirmó que el Tratado México, Estados Unidos y Canadá (TMEC) es "irrelevante" para su país. “El problema es que no necesitamos su producto. No necesitamos coches fabricados en Canadá o México. Queremos traerlos aquí”, advirtió.

Esta declaración la hace Trump no para que la escuchemos los mexicanos, sino para que la escuchen sus simpatizantes MAGA. Trump busca apelar a su base electoral sugiriendo que la manufactura mexicana es prescindible, pero los datos económicos cuentan una historia de interdependencia profunda.

La afirmación de que EUA no necesita los coches de México ignora cómo se fabrica un vehículo hoy en día. No es un producto nacional, es un producto regional. Según la Asociación Mexicana de la Industria Automotriz (AMIA) y reportes de Reuters, los componentes de un automóvil pueden cruzar las fronteras de Norteamérica hasta siete veces antes de que el vehículo esté terminado. Eliminar a México no es solo dejar de importar un coche, es romper el suministro de frenos, motores y transmisiones esenciales para las plantas en Detroit.

México suministra el 43 por ciento de todas las autopartes que importa Estados Unidos. Sin estas piezas, la producción en suelo estadounidense se detendría en cuestión de días.

Ahora, esta declaración ocurre en un momento clave, justo cuando inicia el año de la revisión del TMEC. Si Trump decidiera invocar la cláusula nuclear, que sin duda es una posibilidad dado que estamos hablando de Trump, en la que anuncia que su país se sale del acuerdo, esto ocurriría en 6 meses y entonces podemos pensar que los componentes automotrices y demás exportaciones mexicanas enfrentarían un arancel del 25 por ciento.

Un análisis de Bloomberg señala que imponer aranceles a los autos mexicanos elevaría el precio de un vehículo promedio en EUA entre $2 mil 500 y $6 mil dólares. Esto afectaría directamente el bolsillo del votante estadounidense, además de generar inflación.

Otro dato crucial es que en noviembre vienen las elecciones intermedias en EUA. La palabra “affordabilty” es la que está de moda en este momento, en donde se critica que las políticas de Trump están haciendo más cara la vida para los estadounidenses de clase media y media-baja y que por ello simplemente ya no les alcanza para lo más elemental. Con esto en mente, tenemos que anticipar que Trump estará en campaña permanente y hablándole a su electorado como lo hizo ayer en la planta de Ford, aun si lo que dice no hace sentido económico.

Entonces, ¿qué debemos hacer? ¿cómo debe responder el gobierno? ¿ignoramos a Trump? ¿Confiamos en que veremos de nuevo un TACO del presidente de EUA (Trump Always Chickens Out)?

México tiene varias rutas estratégicas. Primero, México debe posicionarse no como un competidor de EUA, sino como su mejor aliado para frenar el avance de la industria automotriz china. El TMEC es la herramienta que permite a Norteamérica competir en escala contra BYD y otras marcas asiáticas. Segundo, México ha avanzado en la legitimación de contratos colectivos. Usar esto como moneda de cambio demuestra que México está "jugando limpio" bajo las reglas que el propio Trump impulsó en 2020. Y tercero, aunque el 80% de las exportaciones van al norte, México puede acelerar acuerdos con la Unión Europea y el bloque Transpacífico (CPTPP) para reducir la vulnerabilidad política. Queda claro que para negociar con Trump, siempre hay que hacerlo desde una posición de fuerza.

Make America Great Again pasa por México, lo entienda Trump o no. El reto para el gobierno mexicano y el sector privado es asegurar que, ante las intermedias de noviembre y la revisión del tratado, los datos venzan a los gritos de campaña.

@AnaPOrdorica

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