Los hombres (todos son hombres) más ricos del planeta han empezado a darse cuenta sobre los peligros de sus enormes fortunas. No están preocupados por la enorme desigualdad, pero se empiezan a dar cuenta del rechazo que ésta genera. La inteligencia artificial ya generó en Elon Musk al primer billonario de la historia (¡doce ceros!) con la OPI de SpaceX. Y lo hizo mientras la misma IA amenaza con borrar millones de empleos. Esa combinación, lo saben, es explosiva.

Lo resume bien una nota reciente de Axios. Jeff Bezos, cuarto hombre más rico del mundo, propuso que la mitad de los estadounidenses con menores ingresos no pague impuesto federal sobre la renta. Sam Altman, de OpenAI y cuya casa fue vandalizada con una bomba molotov hace unas semanas, propone un cómputo básico universal que implicaría repartir acceso a la capacidad productiva de la IA, no simplemente un cheque. Elon Musk, quien ha visto el rechazo a él materializarse contra Tesla, escribió que, ante el desempleo causado por la IA, hay que generar no un ingreso básico, sino un ingreso alto universal.

Detrás de la aparente generosidad lo que hay es algo de miedo. Dario Amodei, director de Anthropic, ofreció a los milmillonarios un argumento pragmático para aceptar impuestos más altos sobre la riqueza creada por la IA. Dijo que si no respaldan una versión sensata de redistribución, terminarán con una versión pésima diseñada por una multitud furiosa. La concentración extrema, advirtió, podría romper a la sociedad.

El miedo de todos ellos tiene fundamento. Oxfam calculó que la riqueza de los milmillonarios llegó en 2025 a 18.3 billones de dólares, su nivel más alto registrado, y que aumentó 16% en un año. Forbes publicó en marzo de 2026 que hay un récord de 3mil 428 milmillonarios.

En Estados Unidos, la política antimillonarios ya es una bandera. La senadora Elizabeth Warren pide rehacer el código fiscal con gravámenes a la riqueza y a los centros de datos. En Nueva York se aprobó un impuesto a las segundas residencias de lujo impulsado por el alcalde Zohran Mamdani. Y California vota en noviembre la llamada Acta del Impuesto a Milmillonarios de 2026 que es un impuesto único de 5% sobre el patrimonio de unas 200 fortunas que juntas rondan los dos billones de dólares, para financiar salud y educación.

La propuesta de Bernie Sanders va más allá. En un ensayo en el NYTs, el senador planteó que, como la IA se entrenó con la inteligencia colectiva de la humanidad (libros, canciones, arte, periodismo, código, investigación), la riqueza que genere debe pertenecer a todos. Su iniciativa exigiría a OpenAI, Anthropic, xAI ceder al público la mitad de su capital mediante un impuesto único de 50% pagado en acciones, no en utilidades.

La reacción no se hizo esperar. El gobernador Newsom, también demócrata, lo rechaza para proteger a la industria tecnológica, y algunos milmillonarios ya votaron con los pies. Han salido del estado. El caso más sonado es el de Peter Thiel, cofundador de PayPal y Palantir, que primero puso su domicilio en Florida y luego mudó a su familia a la Argentina de Javier Milei, con quien coincide en que los impuestos son una forma de robo. Hay excepciones. Jensen Huang, de Nvidia, dijo que pagaría sin chistar porque eligió vivir donde está el talento.

El reparto de la riqueza se está convirtiendo entre los milmillonarios en una cuestión de supervivencia.

@AnaPOrdorica

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