Resulta frustrante, por no decir sospechoso, cómo la retórica oficialista se empeña en ignorar la geografía y la historia en favor de la ideología. Andrés Manuel López Obrador ha vuelto a escena para pedirle al pueblo de México que meta la mano al bolsillo y rescate, vía donativos, al régimen cubano. Lo hace bajo el gastado eslogan de que el gobierno de Miguel Díaz-Canel es "profundamente humano".
Sin embargo, para cualquier observador con un mínimo de rigor, esa "humanidad" se desvanece ante los apagones de 18 horas, la escasez crónica de alimentos básicos y la represión sistemática contra quienes se atrevieron a salir a las calles a exigir lo mínimo para subsistir. ¿Cómo puede llamarse humanista a un sistema que ha orillado a su población al éxodo más grande de su historia? Según cifras de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de EUA, solo en los últimos dos años, más de 400 mil cubanos han llegado a territorio estadounidense. Ese es el verdadero referéndum sobre el "humanismo" que defiende AMLO.
La ceguera voluntaria de Morena no solo es ética, sino estratégicamente suicida. En Washington, el tablero ha cambiado. Con Donald Trump en la Casa Blanca y la consolidación de Marco Rubio, un halcón de origen cubano y crítico feroz de las dictaduras de izquierda, como Secretario de Estado y posible sucesor de Trump, México está enviando señales de confrontación innecesaria. Mientras Trump y Rubio toman nota de las lealtades regionales y advierten que el régimen de La Habana está en fase terminal, aquí la presidenta Claudia Sheinbaum respalda la colecta con un desganado "quien quiera aportar, que aporte". No es solo una cuestión de libertad individual, es el aval del Estado mexicano a una estructura de financiamiento que carece de toda transparencia.
No podemos olvidar el fatídico septiembre de 2017. Tras el sismo que enlutó al país, López Obrador impulsó el fideicomiso "Por los Demás". Lo que se vendió como un gesto de solidaridad terminó en un escándalo de "operación carrusel", documentado por el INE, donde operadores cercanos al hoy expresidente, incluido su entonces secretario particular Alejandro Esquer, fueron captados haciendo depósitos hormiga de 50 mil pesos para eludir controles financieros. El destino final de ese dinero nunca se acreditó para los damnificados.
Ahora, la historia se repite con una eficiencia burocrática envidiable. La Asociación Civil Humanidad para América Latina, hecha para recibir donativos para el régimen cubano, obtuvo su registro y cuenta bancaria en tiempo récord, un trámite que a cualquier ciudadano de a pie le toma meses de citas en el SAT y auditorías notariales. El PAN ya ha solicitado formalmente que el SAT aclare cómo se gestionó este registro express.
La coartada del bloqueo económico, esa tabla de salvación a la que el régimen cubano se aferra desde hace seis décadas para justificar su ineficacia, ya no se sostiene. Cuba comercia con la Unión Europea, con Canadá, con China y con México mismo. El problema no es que no puedan comprar, es que no tienen con qué, porque destruyeron su aparato productivo. Antes de 1959, la isla era uno de los tres países más prósperos de América Latina en indicadores de salud y educación por habitante. Hoy, es un museo de la carestía mantenido artificialmente por el petróleo ajeno, antes soviético, luego venezolano y ahora, parcialmente, mexicano.
La solidaridad debe ser con el pueblo cubano, con el que padece el hambre y la oscuridad, no con la cúpula que gestiona su miseria. Y si la administración de Sheinbaum pretende mantener una relación pragmática con nuestro principal socio comercial al norte, debería empezar por entender que México no puede ser el cajero automático de una dictadura en decadencia.

