Covidiotas

Ana Paula Ordorica

No hemos entendido que es necesario que todos estemos a salvo del virus para que cada uno estemos libres de su amenaza

La palabra se refiere a los que, sabiendo que estamos en pandemia, deciden actuar como si el Covid no existiera o como si tuvieran la certeza que, de enfermar, nada grave pasaría. En el extremo deciden que ni siquiera merece la pena vacunarse. Pero realmente puede aplicar para la humanidad en su conjunto. Hemos sido unos Covidiotas. 

Todos saben que las pestes son recurrentes en el mundo. Y aun así, nos sorprendemos y somos incrédulos cuando de pronto nos encontramos entre una peste. Ha habido el mismo número de pestes como de guerras en la historia y, sin embargo, tanto plagas como guerras toman por sorpresa a la humanidad. Eso escribió Albert Camus en su novela, La Peste, en la que describe el cierre por varios meses de la ciudad de Orán, en Argelia, al haber un brote de peste. 

Al releer en estos días de vacaciones a Camus, parece que está describiendo lo que ocurre actualmente con la pandemia por el virus SARS-Cov-2. Lo mal que la humanidad ha manejado la pandemia es evidente cuando hasta en los países que parecía que la habían domado, como Australia, hay brotes preocupantes a 20 meses de que escucháramos por primera vez de este virus extraño que llevó al cierre de una ciudad China de Wuhan, con todo y sus 11 millones de habitantes en pleno mes de festividades. 

Y pasado más de año y medio, el mundo sigue queriendo regresar a una normalidad que es inalcanzable. Nadie va a ser libre en tanto exista la peste, escribió Camus. Mientras estamos en medio de la peste vivimos una especie de exilio. Una sensación de vacío que conlleva un irracional deseo de regresar al antes de o de acelerar la marcha del tiempo al después de la peste. Leemos, como los habitantes de Orán, los periódicos y vemos las noticias, con la esperanza de encontrar una señal de que el virus va a acabar pronto. 

Creemos que ahora es peor que en otras pandemias porque tenemos acceso a más información. Pero ahora, a diferencia de otras pandemias, hay esfuerzos científicos sin precedentes para lograr tratamientos y vacunas para hacer que el Covid no nos domine. Y, sin embargo, la falta de cohesión en acciones conjuntas a nivel internacional es el reflejo de un mundo entero de Covidiotas. 

Desde el gobierno de México que ha visto al Covid como algo que le ha venido “como anillo al dedo” y ha decidido dejar al frente de la estrategia de salud a un político más que a un epidemiólogo, vemos alrededor del mundo a varios Jefes de Estado que han decidido ver la epidemia como una oportunidad para hacerse de más poder y dinero sin importar la emergencia que enfrentamos todos. 

También tenemos a grandes empresarios dentro de la iniciativa privada y organismos internacionales, que ante la amenaza del virus, escaparon a sus residencias lujosas para organizar Zooms en los que hacían como que algo hacían, mientras cobraron sus sueldos completos y algunos incluso recibieron ‘bonos de riesgo’ por estar ‘trabajando’ en pandemia. 

A veinte meses de pandemia, hemos fallado. El mundo puede ganarse el trofeo de Covidiotas. Con todo el conocimiento epidemiológico disponible, los países ricos se han preocupado por salir adelante ellos. Los países pobres, muchas veces liderados por una banda de pillos que pueden dormir tranquilos a pesar de que lo que roban saben que mantiene a sus votantes en la miseria y que por ello hoy no están preparados para enfrentar al virus, quieren que ahora los vengan a salvar: a ellos, no a sus pueblos. Quieren ser rescatados para seguir echando billetes en sus bolsas. 

No hemos entendido que es necesario que todos estemos a salvo del virus para que cada uno estemos libres de su amenaza. 

Somos, como humanidad, unos Covidiotas. 
 

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