Quizá como nunca en su historia, será vigilado el actuar de la próxima legislatura en la Cámara de Diputados y no es para menos, con nuestra democracia en riesgo y la intención pública de un régimen autoritario, de “buscar acuerdos” con la oposición para modificar la Constitución, tras perder la mayoría calificada.

La expectativa es alta para la legislatura más votada desde la década de los 90, con más del 52% de la participación ciudadana; la primera donde la tercera parte de sus integrantes somos reelectos; la segunda donde la mitad seremos mujeres y la primera donde los tres partidos más antiguos de México, el PAN, el PRI y el PRD, otrora adversarios, deberán traducir la alianza electoral de 2021 en una agenda parlamentaria común.

Imposible analizar el papel de un cuerpo colegiado en blanco y negro; necesitaremos información suficiente y análisis pertinentes. La oposición no puede limitarse a ser un dique de contención, cuando nos urgen soluciones, y es ahí donde pesará el conocimiento de la realidad, la experiencia y la preparación de cada uno de los 500 legisladores y legisladoras.

A falta de resultados en la segunda mitad del sexenio, el jefe del Ejecutivo lanzó mentiras y dardos envenenados sobre el Poder Legislativo: mintió al señalar que mantener la mayoría simple salva los programas sociales, cuando éstos se aprobaron de forma unánime.

Y por lo que toca al dardo que amenaza la cohesión de la alianza opositora, cayó en terreno fértil, ahí donde cada día el gobierno federal siembra odio, división y sospechas: “no pudieron —dijo— quitarnos la mayoría simple (…) y si se quisiera tener mayoría calificada, se podría lograr un acuerdo con una parte de legisladores del PRI o de cualquier otro partido.”

Y así llevamos casi dos meses en esa discusión, en lugar de plantearnos cómo el paquete económico 2022, priorizará la recuperación de los servicios de salud, incluyendo medicinas y vacunas de todo tipo; el presupuesto educativo que ha desaparecido a la par del abandono escolar y que debe ser parte de la solución y no del problema, o ¿cuáles son los incentivos fiscales necesarios para reactivar la economía en tiempos de pérdida de empleos y aumento de la inflación?

Ni entreguismos, ni parálisis. Por su composición plural, que refleja la realidad del país, la Cámara de Diputados debe ser espacio para unir esfuerzos y construir soluciones. O, ¿se puede reprochar al PRI y al PAN votar a favor de incrementar las cuotas de seguridad social y fijar topes a las comisiones que cobran las Afores en el Sistema de Pensiones y al mismo tiempo dejar en claro con un voto particular en contra, que la reforma pudo ser mejor? Yo creo que no.

¿Sabe la clase trabajadora que en 2019 se reformó la Ley de los Sistemas de Ahorro para el Retiro y que los legisladores del PRI votamos en contra porque no se garantiza una pensión digna a los trabajadores, además de que la propuesta de Morena fue que su dinero pudiera invertirse en la especulación financiera y eliminar las SIEFORES que se encargaban de vigilar y controlar las Afores? La autocrítica me dice que debemos comunicar mejor.

El problema real en el Congreso es la mayoría sumisa al Poder Ejecutivo, que desdeña el poder que le dio el pueblo para ser contrapeso y fiscalizador de la acción de gobierno.

Lo que sí hay que reconocer, es la habilidad de Morena y su gobierno, para evadir su responsabilidad y llevarnos a discutir supuestos, no realidades. En la segunda mitad del sexenio, la Cámara de Diputados tiene la oportunidad de frenar el autoritarismo y las ocurrencias, dejando clara su voluntad y capacidad para construir un país mejor, que nos incluya y brinde mejores oportunidades a todas y a todos.


Diputada federal electa del Estado de México.
@AnaLiliaHerrera

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