El que esté libre de grabar que suelte el primer video

Amador Narcia

Corremos la amenaza de convertirnos en un país de cínicos. Son tiempos electorales y la regla es justamente que no hay reglas

¿Por qué o para qué grabar una conversación o un encuentro privado? ¿Para qué tener un testimonio incuestionable de lo que dijo o hizo otra persona si ocurrió en un ámbito confidencial?

¿Por qué alguien arriesgaría su capital de confianza, su credibilidad con otros, su estabilidad personal, profesional y hasta económica? Y, más aún, ¿para que grabar si se está cometiendo un acto ilegal, irregular o por decir lo menos, atípico?

¿Por qué grabaron a los panistas del Senado recibiendo grandes cantidades de dinero?

¿Por qué grabó David León Romero a Pío López Obrador cuando le entregaba una bolsa y un sobre con dinero en efectivo, tal vez de parte del entonces gobernador de Chiapas, hoy senador, Manuel Velasco? (Lo que él niega).

¿Por qué grabó Carlos Ahumada a René Bejarano?

Para tenerlo como prueba, para tener un testimonio e informar a otros, pero quizás también para chantajear, para manipular, para exhibir, para poder utilizarlo después.

Para defenderse o atacar.

David León Romero y quienes grabaron a los panistas seguramente tenían que demostrar que si habían entregado el dinero y no se habían quedado con él.

Pero una vez que enseñaron los videos, como debieron hacerlo porque las entregas fueron varias, ¿por qué no los borraron, por qué los conservaron exponiéndose a que alguien mas los viera? ¿Por un cálculo político, por vanidad o por descuido?

¿Quiénes decidieron que esos videos ya se hicieran públicos?

Eso de grabar no es nada nuevo. Bastantes historias se pueden documentar sobre el espionaje político, industrial o personal. La diferencia es que ahora cualquiera, literalmente, puede grabar un audio o un video desde su teléfono celular. Se graban llamadas telefónicas, conversaciones ocasionales, reuniones de trabajo, presenciales o por Zoom. Y no solo eso, también de momentos íntimos que luego, voluntaria o involuntariamente, llegan a las redes sociales. En alguna época, para entrar a algunas oficinas, se pedía a los asistentes que dejaran sus teléfonos celulares en las áreas secretariales.

Pero quien se lo proponga puede grabar con sus lentes, con una pluma, con un botón del saco o la camisa, con una bolsa de mujer o con una cámara oculta en cualquier sitio. Las posibilidades son muchas, lo mismo que los riesgos. Pero cuando alguien quiere tomar ventaja o defenderse de algún abuso, no se conocen límites.

La moraleja es muy simple: quien no se quiera ver en un videoescándalo que no haga ni diga cosas que no pueda sostener mirando de frente y a la cara. Pero lo que sobra en estos tiempos es el cinismo. Y la amenaza que corremos es convertirnos en un país de cínicos que ven como algo normal que estas cosas sucedan. Son tiempos electorales y la regla es justamente que no hay reglas. Sálvese quien pueda.

Monitor Republicano

Esta semana reiniciaron las clases en México. Bueno, en los distintos Méxicos que vivimos. En las escuelas públicas, con el auxilio de las televisoras. En las privadas, a través de las plataformas digitales. Quienes no tienen televisión, ni energía eléctrica, ni internet ni con qué conectarse, a la buena de Dios. O no se inscribirán este año. El esfuerzo no solamente será de los niños sino también de sus padres, muchos de los cuales trabajan en casa y otros que salen a ganarse la vida. Menudo encargo para los abuelos y familiares que deberán apoyar. Será un año escolar distinto. Ojalá que si aprendan y que no baje mucho el nivel escolar.

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