Antes de comenzar, vale la pena hacer una aclaración: ninguna de las palabras que usted está por leer se escribieron en tono de burla. Bueno, en realidad hace falta otra explicación antes de entrar en materia: esta columna es totalmente injusta , y es que no se tocará el tema de que el mejor equipo del campeonato disputará la final, ni de la épica remontada de los Pumas . En efecto, el gran perdedor acaparará las líneas de este espacio.
Después de lo que pasó el domingo, hay que quemar todos los manuales. ¿Sucedió lo imposible? ¡Bah! Sucedió lo complicado, porque —cada vez que está La Máquina en la cancha— todo puede pasar. Desperdiciar una ventaja de cuatro goles, y máxime a sabiendas de que anotando uno obligabas al rival a hacer seis, es algo muy difícil de entender sin abrazarse del esoterismo y cuestiones de ese tipo.
Yo era de los que el jueves daba por hecho que Cruz Azul se enfrentaría a sus demonios en el campo del León el próximo domingo. Con la eliminación de Chivas consumada, todo se confirmaba... Hasta que Juan Ignacio Dinenno metió un gol a los tres minutos de la semifinal de vuelta, y de inmediato todo cambió. En el ambiente, se respiraba algo extraño, y —cuando cayó el tercero de Pumas— lo único que pensé fue ¿por qué siempre le pasan estas cosas al Cruz Azul?
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Evidentemente, existía la posibilidad de que cayera ese gol que liquidara a los del Pedregal, pero creo que todos —en el fondo— sabíamos que eso no sucedería y que los cementeros estaban destinados a hacer historia de la mala, otra vez. Y, lo digo con total seriedad, sigo sin entender por qué esto siempre les pasa a ellos. ¿No decíamos todos que el cáncer era Billy Álvarez y que, cuando se fuera, se acabarían los problemas?
Pues con la novedad de que el ingeniero ya no está y, para acabarla de amolar, el equipo parecía dar garantías. Hasta el domingo, era un conjunto competitivo, confiable y que sabía mantener la estabilidad emocional. Las cruzazuleadas parecían cosa del pasado, hasta que, como diría Mafalda , otra vez sopa.
De verdad, no entiendo qué es lo que pasa. Una frase que les vendría como anillo al dedo es que “están orinados por un dinosaurio”, pero Matías Almeyda se encargó de que esas palabras pertenezcan al folclor del Rebaño Sagrado. Así que ni eso podemos usar para tratar de explicar por qué Cruz Azul ha desperdiciado 45 oportunidades para ser campeón de Liga.
Han tratado de acabar con su sequía de todas las maneras posibles y, les firmo, que en La Noria están igual que yo: simplemente preguntándose ¿por qué?
Adendum. Knut
andaba tan celeste que hasta lloró el domingo. Al verlo, le dije: ahora sí ya eres cementero.






