El 2026 será un año especial. La vista de los aficionados está posada en el Mundial. Por supuesto, la Liga MX será seguida con la pasión de siempre, pero todo estará salpicado por la gran justa futbolística.
Cada situación que suceda en el torneo local estará amarrada al gran evento a realizarse (en parte) en nuestro país.
Cualquier comportamiento de los seleccionados —tanto mexicanos como extranjeros— que juegan en nuestra competencia, será ligado a la Copa del Mundo.
Si alguno anda con todo, será porque está haciendo hasta lo imposible para ganarse su lugar en la Copa; si alguno no mete la pierna con la fiereza de siempre, la razón será que se está cuidando para llegar bien al máximo certamen; si alguna figura se lesionara en el último tercio del torneo y no vuelve a jugar, será porque prefiere sanar del todo para no perderse el Mundial.
Así será, para bien y para mal, aunque muchas veces las sentencias resulten contradictorias.
Para la Selección Azteca, es EL AÑO. Tras el fracaso en Qatar y los años subsecuentes, llegó el momento de jugar el Mundial en casa.
Hoy, ya no hay margen de maniobra. Lo sembrado en la última década (quizá más), ya sea cosechó en 2022 y el resultado fue lamentable.
Ahora, penosamente, no se cosechará nada nuevo, y es que entre 2022 y hoy, la realidad es que cambiaron los nombres de los federativos y los entrenadores, pero lo demás está igual.
¿La Selección está destinada al fracaso? Por supuesto que no.
Primero, habría que definir qué sería un fracaso; evidentemente, quedar en fase de grupos lo sería.
¿Perder en dieciseisavos de final es fracaso?, ¿llegar a octavos califica como una actuación decorosa o exitosa?
Llegar a cuartos de final, hoy parece utópico, pero —de conseguirse— hablaríamos de un gran éxito para este cuadro nacional. Definir el éxito es más sencillo que el fracaso, claramente.
Dicho lo anterior, fracasar o triunfar depende de los jugadores principalmente y, evidentemente, también del cuerpo técnico.
Fuera de la Concacaf, los resultados han sido muy malos en estos tres años.
Ahora, habrá que agregar el factor de jugar en casa (aunque México muy rara vez no se desempeña como local), y quizá eso pueda ser suficiente para que este grupo de futbolistas saquen el pico de la arena.
Una buena participación en esta Copa del Mundo puede ser el inicio de la reconstrucción de lo que alguna vez fue un futbol digno y que ilusionaba a sus fieles aficionados cada cuatro años.
De lo contrario, no olvidemos que siempre se puede cavar más para abajo.

