Para cuando usted esté leyendo esta columna, se está preparando para ver el debut mundialista de la Selección Azteca o ya vio el partido y conoce el resultado. Le cuento que estas líneas se escribieron al mediodía del lunes 21 de noviembre (horario de Qatar), por lo cual no tengo la menor idea de lo que pasó en el partido. Más allá de un resultado, lo sustancial es todo lo que rodea a la Selección Nacional.
Si México fracasa en el Mundial, a Gerardo Martino lo van a querer quemar en leña verde. Y, aunque usted no lo crea, el responsable no sería él. Una pequeña cuota le correspondería, por supuesto, pero los máximos dueños de la ignominia serán los jugadores y los dirigentes encargados de manejar al futbol mexicano. Los futbolistas, porque son los que saltan a la cancha; una obviedad tan grande como las casas de los jeques de por acá.
Lo de los jugadores es tan claro que ni vale la pena ahondar en el tema, pero de la dirigencia sí vale la pena hablar. El balompié nacional se trata de todo menos del deporte. Es un hecho que en el mundo entero, el futbol es un negocio, pero la parte central de ese negocio es el juego. En México, no es así. Nuestros directivos, con que se cumplan los objetivos económicos, están felices.
No olvidemos que para Sudáfrica 2010, un gol de Vuoso nos metió por la ventana al hexagonal final (sí, sufrimos para entrar a la última fase eliminatoria). Cuatro años después, la Selección debió jugar el repechaje intercontinental (y no por merecimientos propios; Estados Unidos la salvó). ¿Y qué pasó? Absolutamente nada. Al entrar al Mundial, el negocio está asegurado y, de inmediato, el discurso cambia al tan gastado “ahora sí vamos por el quinto partido”.
No hay análisis, no hay consecuencias, y todo sigue igual. Total, el dinero de los patrocinadores queda asegurado. Y, encima, ante el mal resultado ya se tiene definido al “villano favorito”, al que pagará los platos rotos: El DT de turno (muchos salen huyendo).
Muchos de estos jugadores fueron parte de esos fracasos, y ellos siguen. Durante Qatar 2022, la lista de futbolistas con cinco Copas llegará a seis (Messi, “CR7” y Guardado engrosarán el listado) y nosotros estamos felices porque tres de ellos son mexicanos. En otros países, es casi imposible jugar esa cantidad de Mundiales por las altas exigencias, pero aquí -en un país de casi 130 millones de personas- no podemos sacar sangre nueva, y eso no es culpa de Guardado u Ochoa, pero sí pinta de cuerpo entero lo que es nuestro futbol (en la Liga MX, lo que menos hay es mexicanos).
ADENDUM. Knut cree que Argentina será campeón, ¿ustedes?






