Una de las mejores escenas de la película “El secreto de sus ojos” es en la que Pablo Sandoval (interpretado por Guillermo Francella) hace el descubrimiento clave para localizar al presunto asesino. Sandoval, mediante las analogías encontradas en las cartas que Isidoro Gómez (el asesino) le envió a su madre, y gracias a la ayuda de un amigo suyo, se da cuenta de que Gómez es fanático de Racing Club. Para cerrar, Sandoval le deja claro a Espósito (interpretado por Ricardo Darín) que una persona puede cambiar de todo, menos de pasión.
Y sí, como dice el escribano amigo de Sandoval en la película: “Una pasión, es una pasión” . Y, seguramente, el futbol es la cosa más apasionante que ha inventado el hombre. Pero ojo, aunque son los futbolistas los que nos deslumbran, todos nos enamoramos y nos apasionamos por una camiseta. Los jugadores, entrenadores y directivos están de paso. Lo que permanece son las instituciones.
Más allá de que en este país (en otra de esas cosas raras que tenemos), aparecen y desaparecen franquicias a cada rato, el concepto es claro. No importa quién defienda al escudo de nuestro club, el aficionado es un cliente cautivo de por vida. Juegue quien juegue, la pasión no cambia; hasta el fanático más desencantado no puede resistir el impulso de buscar el resultado de SU club. Y, si es positivo, aunque pregone que ya no le interesa, sentirá algo de felicidad y viceversa.

Ahora, esa pasión muchas veces heredada , debe tener sustento. Es ahí en donde entran los futbolistas. Ellos son los encargados de enamorar al niño al que su papá, su mamá o quien sea, le taladra la cabeza con que “hay que irle” a tal o cual equipo. Si en la cancha no pasa nada, por más que le insistan, no habrá manera de conquistar a un feligrés más de esa pasión.
Se han disputado seis fechas de este torneo, y no dejo de preguntarme: ¿Cómo carambas haremos que un chavito de hoy se rinda ante la pasión que nosotros adquirimos hace tantos años? Con el nivel actual de juego, la respuesta es muy sencilla: Es imposible. Ver un partido de la Liga MX sin distraerse con el celular o con lo que sea que haya a la mano es una tarea titánica.
Por ahora, el negocio está asegurado. Como decían en la película: “Una pasión es una pasión” . Pero los clientes del futuro no están asegurados. Encomendarse a que los más viejos les transmitirán esa devoción por un club a los más pequeños es utópico, porque —si no hay espectáculo— cómo los convencemos. Con partidos tan aburridos , no hay manera.
Adendum. Knut no entiende el porqué cuando Cruz Azul perdió dos partidos el torneo pasado, lo destrozaron, y ahora que Chivas es un desastre, nadie es tan despiadado con el Rebaño.