Bendito sea Dios (en el que cada quien crea), la Liguilla y la fase regular del campeonato no se parecen en nada. Y no sólo por el nivel de los juegos, sino también porque si esas 17 jornadas estuvieran salpicadas de la locura que ha rodeado a este periodo de eliminación directa, todos acabaríamos infartados para la Fecha 4.

Es una verdad —grande como una casa— que los partidos son mejores, incluso los del repechaje. Pero con el aumento de nivel futbolístico, también han aumentado las situaciones inexplicables y, hasta, rocambolescas. En las últimas dos semanas, han pasado más cosas en el futbol mexicano de las que suceden en una sola temporada en otros países.

Una semana, un codazo es tarjeta roja directa; a la que sigue, no (total, el juego está súper entretenido y para qué arriesgar que una expulsión acabe con el espectáculo). Eso sí, en un ejemplo de coherencia y regularidad, en México las planchas (aunque sean por detrás) no son causal de que un equipo se quede con uno menos. Y sí, hasta se revisan en el VAR para que la cosa quede clara. Todo es decisión correcta, y punto.

Pero no se deje llevar por un simple ejemplo de constancia, porque si un director técnico (Herrera contra Cruz Azul en la ida y Reynoso en la vuelta) se atreve a decirle algo a un silbante, va para fuera directito y sin escalas, pero los futbolistas le pueden gritonear al árbitro y no pasa nada. Cosas raras de la vida, pues se supone que el reglamento es parejo para todos.

Ahora, en esta nuestra risueña Liga MX se reclama todo. A veces, a tal grado que parece que los protagonistas no están muy enterados de las reglas que rigen al deporte que les da de comer. Pero el colmo del desconocimiento sucedió en San Nicolás de los Garza con la alineación indebida de los Tigres .

Imaginen que los felinos hubieran mantenido el 4-1 en el marcador y que hubieran perdido el pase a la gran final por ese pequeño gran detalle. Bendito sea Dios (repito: en el que cada quien crea), Aldo Rocha metió el penalti y nos ahorró a todos los futboleros nacidos en esta tierra, el ridículo de proporciones épicas que hubiera significado ver a un equipo fuera de una final por hacer mal un cambio. Y ya no se diga todas las teorías de conspiración y denuncias por “robo” que habrían montado aficionados y prensa tigre.

Por eso, y alguna que otra cosa más, qué bueno que la Liguilla dura poco. Y es que dos semanas más de esta montaña rusa podrían ser demasiado.

Adendum. Knut asegura que Paco Memo es el gran responsable de la eliminación del América : “El penalti de la ida no existiría si salía antes y en los dos primeros goles de la vuelta debió hacer más”.

futbol@eluniversal.com.mx

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