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Fue cuestión de tiempo

Álvaro López Sordo

Hay maderas que no agarran el barniz; perro viejo, no aprende truco nuevo; tanto va el cántaro al agua, hasta que se rompe; no hay que tentarle los hue... al león; al que obra mal, se le pudre el tamal.

Hay maderas que no agarran el barniz; perro viejo, no aprende truco nuevo; tanto va el cántaro al agua, hasta que se rompe; no hay que tentarle los hue... al león; al que obra mal, se le pudre el tamal. Todos esos dichos populares le vienen como anillo al dedo (aprovechando que andamos con los dichos, pues... Ya encarrerado el ratón) a Miguel Herrera.

El Piojo se despidió solo del América. En cuanto le jaló el cabello a Ante Razov, auxiliar técnico del LA FC, puso su cabeza en charola de plata (y dale con lugares comunes) al dueño del club. Miguel Herrera no entendió que no entiende y, por segunda vez, perdió un trabajo de ensueño por no saber controlarse, por no saber perder y por no dignificar a la institución a la que representa.

En este país, los trabajos más codiciados para cualquier entrenador son: la Selección, el América y las Chivas. Herrera ya se sentó en dos de esas bancas y, de las dos, lo echaron por sus actitudes. Más para arriba no hay, y dudo mucho que del Guadalajara lo llamen alguna vez. De las opciones de similar envergadura, sólo le quedan Cruz Azul y Pumas; fuera de esos dos, lo demás es bajar un escalón (tercer párrafo consecutivo con frase hecha).

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Uno pensaría que un señor de 52 años de edad ya habría entendido que perder es parte del juego. ¿Era tan difícil bajar de la tribuna e irse directo al vestuario el sábado? Nadie le pedía que felicitara al rival, eso le resultaría imposible. Incluso, al haber sido expulsado, le ahorraron ir a la conferencia post partido a culpar al árbitro. Los astros se le alinearon (había que mantener el ritmo) en ese sentido, pero él decidió inmolarse.

De primera mano, me ha tocado ver la vehemencia con que Herrera reclama un saque de banda en la media cancha. ¿Cómo podíamos esperar que el sábado controlara su frustración? Hace unas semanas, firmó la renovación de su contrato, pero sus desplantes echaron todo por la borda (se me están acabando los dichos), y la realidad le volvió a dar un sopapo.

En el América, se cansaron de la mala conducta de Herrera. Los malos resultados tuvieron que ver poco y nada, no nos engañemos. El sainete del sábado fue la gota que derramó el vaso (no podía faltar éste). ¿Usted se preguntará por qué tanto lugar común en esta columna? Es fácil, porque en eso se convirtió Miguel Herrera. Todos sabíamos que el sábado algo iba a pasar, porque las reacciones del Piojo son tan esperables como el chiste malo que un tío cuenta siempre en las reuniones familiares.

Adendum. Knut ya es cementero al 100%. Ya no está deprimido y ahora dice que 2021 será su año. 

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