45 millones de almas

Álvaro López Sordo

Lionel Messi superó a Diego Armando Maradona en palmarés, goles y cualquier rubro estadístico hace un rato. Ante los números, no hay medicina

“¡Que alguien me quite al chango de la espalda!”. Eso dijo Steve Young el 29 de enero de 1995. San Francisco tenía asegurada la victoria en el Super Bowl XXIX y, así, el quarterback daba a entender que —por fin— se liberaba de la gran presión que le significó ser el sucesor de Joe Montana en los 49ers. La afición se había acostumbrado a festejar títulos y así se lo exigían.

Lionel Messi no tenía a un chango en la espalda, tenía colgados a los cerca de 45 millones de argentinos. Y Leo no heredó a  un equipo, a él le entregaron las llaves de la sala del trono del futbol mundial y, desde hace unos 15 años, se sentó cómodamente en la silla que le perteneció a Pelé y a Maradona en su tiempo. Por supuesto, también tiene —desde hace mucho— su lugar en el salón al que sólo los mejores de la historia tienen acceso.

Messi superó a Maradona en palmarés, goles y cualquier rubro estadístico hace un rato. Ante los números, no hay medicina. Pero, en algo tan intangible como la devoción o el cariño, Leo no se equipara con Diego Armando ante los ojos de la mayoría de esos 45 millones de seres humanos, quienes cada vez lo quieren más, pero cada tanto lo miraban de reojo por no haber conquistado ningún título con la selección mayor de su país.

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Lionel tuvo la mala fortuna de nacer en Argentina, un país en el que el futbol es una religión. Pero también una nación que hace rato vive de las glorias de antaño. Este sábado, Leo Messi y compañía terminaron con 28 años de sequía. Casi tres décadas sin ganar es mucho para una “potencia”. Pero a Messi se le exigía como si Argentina hubiera ganado 15 minutos antes de su debut con la Albiceleste. Aunque la realidad es que ya llevaban 12 años sin ganar nada.

Lionel Messi juega para una selección que sufre para clasificar a los Mundiales en una eliminatoria de 10, y que entrega 4.5 boletos, y dos de esos equipos son Bolivia y Venezuela. En la era Maradona también pasaba, con otro formato, pero a México 1986 entraron con los testículos bastante más al norte de lo normal.

Argentina exige acorde a su historia, pero no a su presente y —paradójicamente— Messi ganó algo rodeado de jugadores de menos calidad que los que, históricamente, lo acompañaron. También, y no es poca cosa, lo dirigió un DT sin experiencia. Messi se maradonizó desde la actitud y consiguió su gran objetivo en su peor partido del torneo, pero de eso nadie se acordará y Lionel Messi por fin sacó a esas 45 millones de almas de su mochila.

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