Reescribir la Historia: de hipocresía y otros mitos

Alfonso Zárate

Los pueblos originarios son los excluidos, pero en un acto de hipocresía son elogiados en monumentos y discursos

Los pueblos necesitan héroes y, si no los tienen, los inventan. Para eso está la historia oficial, que cumple un papel relevante en la construcción de la identidad nacional; una identidad que reclama compartir el origen, el territorio, la lengua y la cultura pero, también, la comunidad de héroes, agravios y enemigos.

No importa que muchos de esos “héroes” no hayan existido, como El Pípila, o hayan sido ladrones que se enriquecieron de las arcas públicas, ambiciosos a los que poco importó el bienestar de los mexicanos, autócratas o, incluso, perturbados que asesinaban u ordenaban asesinar con absoluta frialdad, como Pancho Villa y su brazo ejecutor Rodolfo Fierro.

Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles ordenaron el asesinato de antiguos camaradas que osaron disputarles el poder, como Francisco Serrano o Arnulfo R. Gómez.

El mismo cura Hidalgo que, por cierto, no consumó la independencia como quiere hacernos creer la historiografía oficial, permitió excesos imperdonables, como el saqueo y la masacre de inocentes en la Alhóndiga de Granaditas en Guanajuato. Pero la Patria necesita héroes.

Lo que resulta una desmesura es la obsesión del presidente López Obrador de hacer ver este tiempo —el suyo— como “un momento estelar en la historia de México”, lo que lo lleva a afirmar que lo que está en curso es una transformación de la estatura de la Independencia, la Reforma y la Revolución. Y ese mismo afán de reconstruir la historia lo lleva a acomodar a su antojo fechas icónicas y decir que Tenochtitlán se fundó hace 700 años, en 1321 y no en 1325 como señalan las investigaciones más serias. La plaza de la Noche Triste se llama ahora de La Noche Victoriosa... No fue la derrota de los aztecas, sino “la resistencia indígena.” Así va la idea de “descolonizar el Paseo de la Reforma”, imponer una realidad alterna al gusto del presidente. A los “otros datos”, se agregan “otros mitos”.

Es cierto, no hay una historia última y definitiva. No la hay porque nuevos hallazgos pueden refutar las “verdades” que se difundieron por siglos. El problema es que la revisión en curso no responde a la ciencia, sino a patrañas y no cumple propósitos de mejorar la comprensión del pasado sino de propaganda para alimentar los delirios de grandeza del presidente.

La jefa de Gobierno Claudia Sheinbaum llama a rescatar nuestra memoria histórica y a reivindicar nuestros orígenes. ¿Cuáles orígenes?, ¿los de la familia Sheinbaum?, ¿los de la familia Müller?, ¿los de los Bartlett?, ¿los de quiénes?

Lo que realmente importa es que, en su inmensa mayoría, los descendientes de los pueblos originarios viven en la marginación social, económica y política, que las comunidades indígenas son las que concentran la pobreza extrema, las que tienen la educación más deficiente, la peor infraestructura de salud y de comunicación. Son los excluidos del sistema pero, en un acto de hipocresía, son elogiados en monumentos y discursos. Hipocresía.
 

Presidente de Grupo Consultor Interdisciplinario.
@alfonsozarate

 

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