Miedo a la inteligencia

Alfonso Zárate

Le temen a la inteligencia y al pensamiento crítico, y quieren usar a las universidades para formar sus cuadros

Más que el gobierno de los puros, el de los anodinos. Un rasgo inequívoco de la 4T es el arribo de la medianía al servicio público; si el presidente Kennedy convocó a quienes fueron calificados como the best and the brightest; y don Adolfo Ruiz Cortines tuvo en su equipo a Antonio Carrillo Flores, Ernesto P. Uruchurtu, Carlos Lazo, Antonio Ortiz Mena y Adolfo López Mateos, el rasgo del grupo gobernante de hoy es que integra una casta con escasos méritos profesionales, personales y académicos (los que no son mediocres, fingen serlo para no desentonar), cuya cualidad mayor es la abyección.

La lógica que ha impuesto el Presidente se expresa en su convicción de que los funcionarios deben tener 90 por ciento de honestidad para ocupar una responsabilidad pública. Nadie sensato puede ignorar la importancia de la honestidad. Pero no en detrimento de las capacidades profesionales, la experiencia, la eficacia y el patriotismo.

Lo cierto es que para el presidente la honestidad, en realidad significa lealtad ciega, la misma que les exige a los legisladores de Morena y de sus partidos satélite para que no le cambien ni una coma a sus iniciativas. Es la obsesión por imponer un pensamiento único y la idolatría al Jefe Máximo; solo así se explican las designaciones en posiciones relevantes de gente impresentable e incompetente.

Los aprendices de brujo —los “¡Ya la hicimos!”— se regodean con los símbolos del poder: ayudantes que les cargan el portafolio y el saco, la disposición de camionetas y choferes. Muchos de estos nuevos funcionarios reciben ingresos superiores en 300 o 400 por ciento a los que devengaban antes del triunfo de la 4T. “Ya se las metimos, y doblada”, celebran.

El manejo chovinista, patriotero, de la directora del Conacyt, María Elena Álvarez-Buylla y su persecución a científicos y académicos; las denuncias del presidente por la supuesta derechización de la UNAM y el asedio al CIDE, una institución de excelencia, exhiben la prepotencia y la arbitrariedad de los sectarios con poder. Le temen a la inteligencia y al pensamiento crítico, no admiten la disonancia y quieren convertir a las instituciones de educación superior en escuelas de formación de cuadros.

Pero no obstante los desatinos, el apoyo popular al Presidente le dice que va bien. Ya hasta estuvo en la sede de las Naciones Unidas en Nueva York donde propuso un Estado mundial de fraternidad y bienestar y, en el colmo del absurdo, alguna diputada lo propone para el Nobel de la Paz. La política exterior, que solía ser nuestro orgullo, se convierte en una diplomacia ramplona, de huarache, que con su silencio apoya a la dictadura del matrimonio Ortega-Murillo en Nicaragua. Ni siquiera los gobiernos más autoritarios y corruptos de la era del PRI se apartaron de la digna diplomacia mexicana.

Pero para sus devotos lo único que importa es que puntualmente les manda su dinerito y los engatusa con sus discursos; amor con amor se paga.

 

Presidente de Grupo Consultor Interdisciplinario.
@alfonsozarate

 

TEMAS RELACIONADOS
Guardando favorito...

Comentarios