¿Miedo a gobernar?

Alfonso Zárate

¿Qué parece explicar la resistencia de la autoridad federal a gobernar?, ¿el miedo a tomar decisiones impopulares?

¿Por qué ha sido instituido el
gobierno? Porque las pasiones de  los
hombres no se ajustan a los dictados de
la razón y la  justicia sin una fuerza
coercitiva.

Alejandro Hamilton

 

La creación del Estado se explica por la necesidad de una instancia que mediante un contrato social, diría Rousseau, establezca normas y condiciones para la convivencia, por eso la vida social está llena de reglas y sanciones: desde las más drásticas, como las que establece el derecho penal para quienes atenten contra de la vida, la integridad y el patrimonio de otras personas, hasta las de orden común, como las que establecen los reglamentos de tránsito: la reducción de la velocidad en las inmediaciones de hospitales y escuelas, la obligación de usar cinturón de seguridad en los vehículos o la prohibición de fumar en lugares públicos.

En el país las muertes por el Covid-19 rebasan ya los cien mil según las cifras oficiales (en la realidad son muchas más). Sin embargo, frente a esa realidad, el gobierno federal se niega a establecer medidas que eviten o reduzcan la posibilidad de contagios, acompañadas de sanciones para quienes irresponsablemente ponen en riesgo su propia salud y las de los demás; en vez de establecer sanciones, solo lanza llamados a misa.

Ante una calamidad que cada día cobra más vidas, son demasiados los irresponsables que se resisten a adoptar las medidas recomendadas. Las imágenes que se difunden en los medios muestran a multitudes en las calles y plazas en las que abundan quienes no llevan cubrebocas o no los usan de la manera apropiada, mientras que otros se congregan en fiestas y reuniones sociales.

Es difícil caracterizar un estilo de gobierno que ante la brutalidad de delincuentes que secuestran, asesinan y descuartizan a sus víctimas, propone “abrazos, no balazos”; que se cruza de brazos ante los bloqueos de vías férreas y carreteras que dañan al sector productivo, y da “palos de ciego” ante el avance incontenible de los delincuentes. Sin embargo, este mismo gobierno responde a la protesta cívica a las afueras de la sede del Senado —como la que se dio ante la desaparición de los fideicomisos— con el encapsulamiento a cargo de granaderos.

En Francia se impone el toque de queda y se preparan para un nuevo confinamiento. En Irlanda se aplican multas severas a quienes organicen fiestas y obligan a detener el evento.

En México, médicos, enfermeros, afanadores y todo el equipo médico se está partiendo el alma con jornadas extenuantes, sufren un agotamiento físico y mental y muchos han perdido la vida y nada de esto tendría razón de ser si la gente fuera responsable. Pero el presidente se niega a poner el buen ejemplo y a adoptar las medidas necesarias.

¿Qué parece explicar la resistencia de la autoridad federal a gobernar?, ¿el miedo a tomar decisiones impopulares? ¿La convicción inconmovible de que el pueblo es bueno y no se equivoca? ¿La idea de una libertad sin la menor pizca de responsabilidad?

Presidente de Grupo Consultor Interdisciplinario.
@alfonsozarate
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