“La injuria no me ofende; la calumnia no me llega…”

-Gustavo Díaz Ordaz

“Ni consignas ni leperadas me debilitan”.

-Claudia Sheinbaum

La imagen es perturbadora: la leyenda “NARCOESTADO” en letras mayúsculas resalta sobre las vallas levantadas para proteger al Palacio Nacional. “Narco estado” porque en buena parte del territorio nacional la soberanía reside en los criminales; porque incontables autoridades de los tres órdenes de gobierno están coludidas con los delincuentes; porque, como ocurrió en Sinaloa el año 2021, grupos delictivos han financiado al partido de Estado y han operado a su favor durante los procesos electorales. “Narco estado” porque en los primeros seis años de la 4T el gobierno decidió abrazar, en vez de combatir a los delincuentes.

La del sábado fue una jornada de protesta en distintas ciudades del país. Las consignas no podían ser más “subversivas”: ¡Queremos paz y queremos libertad! ¡Alto a la violencia! Y a esas consignas se agregaron otras: ¡Fuera Morena! y ¡Fuera Claudia! Las marchas en distintas ciudades suman muchos otros reclamos, sobre todo el de justicia para Carlos Manzo, el alcalde de Uruapan. En la Ciudad de México destacó una figura en silla de ruedas, doña Raquel, la abuela del héroe.

“Nos han robado la tranquilidad”, explican jóvenes que reprueban a Morena, pero también al PRI y al PAN, mientras el gobierno permanece agazapado detrás de las vallas y de los “inexistentes” granaderos.

En vez de intentar al menos entender las razones de sus protestas, desde el núcleo del poder se monta una campaña para investigar quién está detrás, se dispone una operación para denunciar a agitadores y titiriteros, y en los medios de comunicación controlados por el aparato político se despliega un discurso que construye conspiraciones orquestadas desde el exterior por la extrema derecha, el fascismo.

El monero Hernández deja un tuit memorable: “fue una marcha fascista con intenciones golpistas”, y Sheinbaum dice que está más fuerte que nunca, así lo prueban los imponentes apoyos que le ofrecen los coordinadores parlamentarios en el Senado y en la Cámara de Diputados: Adán Augusto (y La Barredora) y Ricardo Monreal (con todos los miembros empoderados de su famiglia).

Para descomponer una protesta pacífica, provocadores y vándalos fabrican con su violencia una imagen perturbadora que da la vuelta al mundo y lleva al presidente Trump a advertir: “No estoy contento con México, tiene graves problemas”. Los servicios de inteligencia del gobierno conocen bien quiénes son y quiénes patrocinan a estos camorristas, la interrogante es: ¿a qué facción sirven y por qué se les permite seguir actuando?

Al día siguiente, vuelta a la calma: ya sin vallas ni policía antimotines, la plancha del Zócalo se convierte en una monumental pista de baile, al tiempo que se declara al danzón patrimonio cultural inmaterial de la ciudad. Pero allí queda la memoria de una marcha de la indignación, una expresión esperanzadora.

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