Como en otras materias, Andrés Manuel López Obrador, un político aldeano con un enorme desinterés por el mundo, cambió de opinión. Muchas veces repitió su idea de que la mejor política exterior era la política interior y se negó a acudir a las cumbres de líderes mundiales. Considera la política mundial como un referente incómodo y prescindible y puede presentarse en un acto diplomático con la camisa desalineada, los zapatos sucios y sentarse con desgano. Como ya lo hizo hace meses en una sesión del Consejo de Seguridad de la ONU, vuelve a predicar para todo el planeta.

Su desvarío se expresa en sus bravatas hacia el gobierno del presidente Biden y sus clases de historia de Estados Unidos a domicilio; en sus descalificaciones hacia legisladores estadounidenses; en sus continuos reclamos a España y su exigencia de que se disculpe por hechos de hace 500 años; en sus insultos a los parlamentarios europeos a quienes llamó “borregos” y sus propuestas lamentables de representantes diplomáticos que, para colmo y faltando al protocolo, anuncia en sus conferencias mañaneras antes de haberlas acordado con los países receptores. Pedro Salmerón, un historiador denunciado por acoso sexual, como embajador en Panamá, propuesta que tuvo que retirar ante el repudio de los sectores más conscientes, pero —¡tengan para que aprendan!— en su lugar mandó a la comediante Jesusa Rodríguez, cuyo sitio está en las carpas, no en la representación de México ante un país hermano.

Reconvertido en un presidente que se imagina de estatura planetaria, ahora censura a la ONU, “presa de una ineficacia política que la deja en un papel meramente ornamental”, al tiempo que clama por la fraternidad universal y propone un cándido plan de paz para Ucrania. Por cierto, habla de guerra, pero nunca de la agresión injusta y alevosa emprendida por Rusia.

Pero no es la primera vez que un presidente hace el ridículo ante el extranjero, baste recordar a Vicente Fox, sus sandeces (el “comes y te vas”) y el debut de las botas de charol en España.

Al final de su mandato, Luis Echeverría alentó la posibilidad de recibir el Premio Nobel de la Paz o de ser Secretario General de la Organización de las Naciones Unidas. Años más tarde, Carlos Salinas de Gortari intentó ocupar la presidencia de la Organización Mundial del Comercio (OMC); renunció a su propósito al conocer el encarcelamiento de su hermano Raúl como presunto responsable del asesinato de José Francisco Ruiz Massieu.

El presidente que se mostró dócil ante las majaderías y las amenazas de Donald Trump; el mismo que ha permanecido callado frente a la represión de Daniel Ortega a sus opositores, que irrumpe grosero en ámbitos de la política interna de Estados Unidos y que ha instaurado, con sus resentimientos, una fractura difícil de soldar en la sociedad mexicana, ahora clama por la fraternidad universal, desde Macuspana le da lecciones al mundo.

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Presidente de Grupo Consultor Interdisciplinario
@alfonsozarate