A los valientes soldados caídos en la defensa de México.
El domingo 22 de febrero, el líder del más poderoso cártel del narcotráfico en México, Nemesio Oseguera Cervantes, fue abatido en Tapalpa, Jalisco. La reacción de la organización criminal fue brutal, desató la violencia en veinte entidades federativas en las que tiene presencia: narcobloqueos, quema de transportes, negocios y sucursales bancarias. La extensión y virulencia de la respuesta del cártel mostró el poder que alcanzó en estos años en los que el Estado renunció al uso de la fuerza legítima; en muchas ciudades se vivió el infierno. Fue el tributo de los militantes del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) a su jefe y, a un tiempo, un mensaje aterrador: “aquí seguimos”.
La realidad es que el golpe al CJNG, más allá de su poder simbólico, no se traducirá en un alivio para la sociedad ni para el sector productivo, porque seguirán las ejecuciones de quienes se les opongan o denuncien, también las extorsiones (¿cesarán los despojos a los productores de aguacate o limón?). Es un golpe importante, pero la tarea por delante es colosal porque las estructuras criminales echaron raíces en muchos territorios, gobiernan en incontables alcaldías y en varios estados y cuentan con milicias integradas por miles de jóvenes construyendo su futuro.
Pero el quiebre mayor respecto de la estrategia de seguridad de López Obrador no ocurrió el domingo pasado, sino la noche del 21 de octubre de 2024 en el ejido Plan de Oriente (El Doce) en Culiacán. Según la versión oficial, durante una operación militar para detener al mando de una célula de El Mayo Zambada se produjo un enfrentamiento, los sicarios, que contaban con ametralladoras, armas largas y hasta un fusil Barret, habrían abierto fuego contra los militares que repelieron el ataque, con un saldo de 19 personas abatidas y ninguna baja del Ejército.
México sigue a la espera de un enfoque integral porque el desafío criminal interpela no solo al gabinete de seguridad, sino al Estado todo y en ella la vertiente de la fuerza —que debe incluir la profesionalización de las corporaciones municipales y estatales—, es solo una parte.
Merece subrayarse el reconocimiento que hace la Secretaría de la Defensa Nacional de que para esta operación contó con información complementaria por parte de autoridades de EUA. Es relevante que esta vez las agencias norteamericanas hayan compartido sus servicios de inteligencia con el Ejército y no con la Marina como solían hacerlo, cuyo prestigio ha sido abollado por las revelaciones sobre el huachicol fiscal y la corrupción que involucra a altos mandos.
Fiel a su espejo diario, el presidente Trump alardea: “hemos eliminado a uno de los más siniestros cabecillas de los cárteles”, pero exige más. Mientras tanto el Ejército recupera su orgullo maltratado en los seis años de “abrazos, no balazos” y Andrés Manuel López Obrador guarda silencio.

