El canto de las sirenas

Alfonso Zárate

López Obrador califica de golpistas a quienes trabajan para investigar si los gobiernos actúan con rectitud

“Aquí no hay la más mínima oportunidad para los Huertas, los Francos, los Hitler o los Pinochet. El México de hoy no es tierra fértil para el genocidio ni para canallas que lo imploren”. Andrés Manuel López Obrador (Tuit del 2 de noviembre de 2019 a las 11:56)

 

¿Qué sabe el presidente López Obrador sobre tramas golpistas que nosotros no sabemos? ¿Quién le calienta la cabeza?

Lo cierto es que a los circuitos del poder presidencial les ha dado por hablar de golpismo y lo hacen con una frivolidad que alarma: deberían saber que las palabras pesan y que es irresponsable confundir la disonancia y las investigaciones que muestran errores de su gobierno, con ánimos golpistas.

El tema no es nuevo. El 19 de febrero de 2020, en la conmemoración del Día del Ejército, el presidente reconoció a las Fuerzas Armadas “por no escuchar el canto de las sirenas y dar la espalda a la traición y al golpismo”. Sus palabras parecían responder al discurso que, el 22 de octubre de 2019, pronunció el general de división Carlos Gaytán Ochoa, exsubsecretario de la Defensa Nacional, en un desayuno ofrecido por el general secretario Luis Cresencio Sandoval a los altos mandos del Ejército en activo y en retiro: “Nos preocupa el México de hoy. Nos sentimos agraviados como mexicanos y ofendidos como soldados”, dijo Gaytán.

Ricardo Monreal, presidente de la Junta de Coordinación Política del Senado, secundó al presidente: “gracias al amplio apoyo ciudadano y popular que mantiene el presidente AMLO —escribió en estas páginas el 4 de noviembre de 2019— estos golpistas no pasarán”. Y en el mismo tenor, por aquellas fechas, Alfonso Ramírez Cuéllar, entonces presidente interino de Morena, tuiteó: “En Morena condenamos la actitud golpista promovida por algunos gobiernos estatales y dirigentes políticos de partidos de oposición… La absoluta mayoría de los ciudadanos y ciudadanas rechazamos el comportamiento de ruptura y la actitud golpista porque rompe la institucionalidad y la estabilidad de nuestro país”.

Es preocupante que el propio presidente y miembros de su círculo íntimo hablen con tanta ligereza de un golpe de Estado, porque así podrían justificar reacciones brutales de sus seguidores contra quienes solo ejercen sus derechos cívicos.

El viernes pasado, durante la conferencia mañanera, el presidente regresó a sus obsesiones. “Un gobierno extranjero no puede entregar dinero a grupos políticos de otro país, la Constitución nuestra lo prohíbe, no se puede recibir dinero de otro país para propósitos políticos, es traición a la patria”. Andrés Manuel dijo, también, señalando a la embajada de EU: “Es injerencia, es intervencionismo y es promover el golpismo.”

Durante esa mañanera, como en las sucesivas, las palabras presidenciales se sucedieron una a la otra: intervencionismo, golpismo, traición a la patria. López Obrador califica de golpistas a quienes trabajan desde la sociedad civil para informar e investigar si los gobiernos están actuando con rectitud y eficacia. Lo más inquietante después de estas acusaciones temerarias es preguntarnos ¿qué sigue?

 

Presidente de Grupo Consultor Interdisciplinario.
@alfonsozarate

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