En la mayor isla de las Antillas, los cubanos viven en extrema pobreza y sufren el racionamiento de los alimentos y las medicinas, continuos apagones y, sobre todo, ausencia de libertad.

Promesa de la Revolución cubana, el “hombre nuevo” nunca llegó. La idea de que el científico, el médico o el ingeniero no debía ganar mucho más de lo que gana el cortador de caña que suda la camisa es poética, pero niega la naturaleza humana. Cuba logró la “hazaña” de erigir una sociedad igualitaria en la que solo hay una clase: el proletariado (89% de la población vive en pobreza extrema), mientras una cúpula que integran los directivos del Partido Comunista Cubano y los mandos de las fuerzas armadas gozan de una riqueza insultante. Pero hoy, a 67 años del triunfo de la revolución, el pueblo cubano está harto de la pobreza y el autoritarismo.

Durante décadas, Cuba vivió de los subsidios procedentes del bloque soviético, a la caída de la URSS llegó a su rescate el régimen bolivariano de Venezuela. Adiós a la dignidad del gobierno cubano, se convirtió en limosnero. Para subsistir, idearon nuevas líneas de exportación: la de militares entrenados para labores de inteligencia, contrainteligencia y tareas de seguridad, cuyo fracaso fue evidente en el secuestro de Maduro, a la que agregaron la comercialización de médicos que también pueden cumplir tareas de inteligencia y adoctrinamiento.

Pero Cuba no es Venezuela y, por tanto, una intervención militar norteamericana encontraría una respuesta con un alto costo para los invasores y para el pueblo cubano. Por eso, la estrategia de Trump no parece contemplar una operación militar, sino terminar de asfixiar la economía cubana, esperando que, al levantamiento del pueblo, lo acompañe una ruptura en la cúpula militar.

Es cierto que, a diferencia de Maduro en Venezuela o de Díaz-Canel en Cuba, la doctora Claudia Sheinbaum y Morena tienen un sólido respaldo social, también es cierto que la imbricación de nuestras economías es muy intensa y que un operativo del ejército gringo contra México puede implicar dispararse en el pie, de allí que lo más probable es que sus asesores le recomendarán al hombre-naranja el uso de otros instrumentos sumamente efectivos como los aranceles, que serían suficientes para que México reconduzca su política hacia el crimen organizado y hacia Cuba, aunque los golpes a la economía mexicana le pegarían también a las grandes inversiones norteamericanas en México y generarían un repudio aún en Estados Unidos.

Estamos ante el comportamiento indescifrable de un personaje que, como lo señaló un grupo de psiquiatras en un desplegado publicado en The New York Times, padece “un narcisismo maligno” y presenta un perfil “destructivo, engañoso y peligroso”.

Posdata: Los revolucionarios no están a favor de la revolución, sino de su revolución, y llaman a sus opositores contrarrevolucionarios. Cuando la revolución se convierte en dogma, deja de ser revolución.

Presidente de Grupo Consultor Interdisciplinario. @alfonsozarate

Únete a nuestro canal ¡EL UNIVERSAL ya está en Whatsapp!, desde tu dispositivo móvil entérate de las noticias más relevantes del día, artículos de opinión, entretenimiento, tendencias y más.

Comentarios